La Eucaristía
que no es mesa
acaba siendo
pura blasfemia.
PEDRO CASALDÁLIGA
Te pido perdón, Jesús, por la Misa.
Por repetir domingo a domingo, día a día, una rutina tan antituya.
Te pido perdón por no acercarme a tu mesa, por buscar siempre el lugar que menos me involucre, con vos y con mis hermanos.
Te pido perdón por ser un simple espectador, por no tomar la posta, por preferir que a todo lo haga siempre el resto, tan cómodo es.
Te pido perdón por mirar la ropa y el estado de vida del resto, categorizando, armando jerarquías que nada tienen que ver con tu Evangelio, para "alejarlos" más de Vos (como si alguna acción humana externa pudiese alejarnos de Tu presencia).
Te pido perdón por haberme acostumbrado a que tu Palabra ya no riegue mi corazón, a no ahondar en su conocimiento para recibirla mejor, a acomodarme en la crítica por prédicas vacías de sentido real y llenas de superstición.
Te pido perdón por meter la mano en el bolsillo de mis hermanos cada vez que paso una canasta, no dejando lugar para tu pedido de "que lo que haga tu mano derecha lo desconozca la izquierda".
Te pido perdón por solo mirar al de al lado en ese estrechón de manos que llamamos "paz". Por no superar el límite de la nuca del de adelante.
Te pido perdón por no lograr agradecer, por no lograr encontrarme/nos/te, por no lograr partirme con Vos, y luego darme para prolongar tu Vida.
Te pido perdón y te doy gracias, Jesús, porque, además de la amargura que siento al pronunciar cada una de estas palabras, también aflora la esperanza de que la Misa puede dejar de ser antiMisa, que podemos cambiar a cada instante, que podemos volver a oír tu voz que no se cansa de llamarnos desde lo profundo de nuestros corazones y desde las necesidades de nuestros hermanos.
LNV

No hay comentarios:
Publicar un comentario