sábado, 1 de noviembre de 2025

He aquí mi riqueza, he aquí mi belleza

 



Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado?

Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.

PEDRO CASALDÁLIGA

 

Siempre sucede igual. Lo que nos lleva un montón de tiempo de preparación se nos escapa como agua entre los dedos con una velocidad vertiginosa. Pasa con muchas cosas. La presentación de mi libro no pudo escapar a esa regla. No logré (ni intenté) ralentar el tiempo, hacerlo más denso aún de lo que fue, prolongar el momento para poder gustar más todavía de lo que lo hice. Creo que así pasa con todo lo bueno de la vida.

Hoy se cumple una semana de ese sábado 25 de octubre de 2025 que quedará grabado en mi corazón mientras viva mi memoria. El mismo corazón que saltó de alegría con cada persona que vio aparecer por la escalera en la planta alta de Árbol de Vida. Algunos de ellos forman parte de mi cotidianidad, a otros veo menos y con algunos hacía años que no nos encontrábamos. Todos tan distintos pero tan iguales. Creo que, en definitiva, a eso hace alusión el título de mi libro… A que podemos diferenciarnos en un montón de aspectos, incluso en algunos de los más troncales de nuestras vidas. Pero en algo somos iguales, y es en nuestro ser personas, con todo lo que eso implica. Todos tenemos un corazón: sentimos, deseamos, esperamos…

Quise que ese momento sea una celebración, pero no solo para mí, sino para todos los que, por el cariño que me tienen, se acercaron a compartirlo conmigo. Para ser más preciso, quise que sea una celebración de la autenticidad, porque yo soy feliz por haberme animado a sentir, a pensar, a decir, a ser yo mismo. Y me encantaría que todos puedan vivirlo. No desde mis criterios ni pareceres, sino cada uno desde cada uno. Que no nos frenen ni el miedo ni el qué dirán, porque la vida corre muy rápido.

Es tanto lo que podría expresar… Pero, ¿por qué tener que exteriorizar todo lo que nos pasa? Sigo y seguiré rumiando esta experiencia, que abarca no solo ese día sino también los meses previos. Y me animo a decir que incluso varios años, ya que, de algún modo, en el libro que hoy largo a volar estoy yo casi total, con todas las personas y experiencias que me constituyen. Muchas de esas personas pudieron acercarse el sábado pasado. Otras no, pero estuvieron muy presentes en mi interior. Como mencioné al comenzar este párrafo, es mucho lo que podría decir de cada uno de los momentos de la presentación. Pero elijo tomar un fragmento de las palabras con las que Gaspar inició el evento:

La belleza en la vida de Lautaro son todos ustedes hoy acá reunidos, somos todos nosotros hoy acá reunidos. La belleza es esta jungla de relaciones, este tejido de historias, estas manos desconocidas que se estrechan.

Yo no podría haberlo expresado mejor. Mi belleza son las personas que, cual mosaico, me constituyen. Cada una de ellas tiene su lugar en cada uno de los círculos concéntricos de mi interior. Mi belleza y mi riqueza. Como cuenta esa vieja tradición sobre el diácono Lorenzo de Roma, a quien le pidieron que entregara las riquezas de la Iglesia, y él, juntando a todos los más pobres de la ciudad, expresó: “He aquí la riqueza de la Iglesia”. Yo puedo decir lo mismo de todas las personas que me quieren y a quienes quiero: He aquí mi riqueza, he aquí mi belleza. Gracias a todos.

 

LNV







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