sábado, 24 de septiembre de 2022

¡Qué hombre, Nicolás!

 



a Nicolás Grenón

(1930-2022)

 

Si lo hubieras conocido

-yo lo sé-

la palabra “Iglesia”

no te sonaría igual.

Tampoco el sacerdocio,

tampoco la oración

-quédate con nosotros, Señor,

porque es tarde y el día se acaba-.

 

Si lo hubieras conocido

-yo lo sé-

con qué ganas correrías,

el Domingo u otro día,

a la Mesa compartida

donde “participativo”,

“lindo” y “celebrativo”

serían notas habituales.

 

Si lo hubieras conocido

-yo lo sé-

sabrías que hubo un Iriarte,

otro Nicolás y un Zazpe.

Y junto a ellos un Enrique,

un obispo principesco.

Que no somos los primeros

en esta historia de siglos.

 

Que también hubo un Osvaldo,

formador enardecido,

ese tan original

de quien tanto habían bebido.

Elvio, Aldo, y Severino

no serían tan lejanos,

ni el fervor, ni el entusiasmo

si lo hubieras conocido.



Lautaro Nicolás Valli

viernes, 16 de septiembre de 2022

Historia de un Colegio de la Mancha



En un Colegio de la Mancha, de cuyo nombre prefiero no hablar, pasó hace unas semanas esta historia que voy a contar. Resulta que un profesor de filosofía estuvo trabajando junto a sus alumnos la “Alegoría de la Caverna”, del filósofo griego Platón -discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles-. La dinámica de ese día fue no solo narrar lo acontecido en la Caverna, sino también interpretarla con todos ellos. El ejercicio les llevó casi toda la clase.

En síntesis, y para los no muy versados en la materia, en ese relato, lo que grafica Platón es la existencia de dos mundos, uno a plena luz, y otro de sombras. Para él, el verdadero es en el que abunda la luz, la cual, viniendo del sol principalmente, es la fuente primera para generar todo lo que se ve dentro de la Caverna, el lugar donde “lo real”, son sombras y ecos. Muchas personas viven dentro de la Caverna, no pudiendo ver otra cosa que esas sombras -de los objetos que se encuentran afuera- y no pudiendo escuchar más que los ecos de las voces y sonidos -que también vienen de afuera-. De los habitantes de la Caverna, uno se libera de sus cadenas, y logra ver que afuera existe otro mundo, y que lo que sucede adentro, es solo un reflejo, una -¿por qué no?- copia de lo verdaderamente “real”, que está afuera. También se encuentra con el sol, fuente primera de la que vienen la luz y el calor, y por lo tanto la vida. Encendido por haber conocido este mundo a plena luz, vuelve a la Caverna para compartírselo a sus compañeros, quienes no lo comprenden, e incluso lo atacan. El relato es más elaborado, y quiere llevar –como toda metáfora- a una enseñanza más allá de las imágenes. En este caso, tiene que ver con la metafísica platónica, pero no me interesa hablar de eso aquí, sino de lo que le pasó al profesor luego de haber trabajado esto en su clase.

Cuando terminaron de representar la Caverna, uno de sus alumnos se le acercó y preguntó con gesto profundo: “Profesor, ¿no te cansás de pensar tanto?” A lo que el docente, extrañado y divertido respondió: “Sí, claro, por supuesto que sí… Pero es más fuerte que yo.” Un silencio siguió a este cruce de palabras, y el profesor intentó profundizar, para saber por qué le hacía esa pregunta. Su alumno continuó: “Te pregunto porque yo sí me canso… Entonces intento no hacerlo tanto, pero tengo miedo de perder esa capacidad. Todos me dicen que debería ser más ‘realista’, y no darle tantas vueltas a las cosas, no pensar tanto. Pero siempre me sentí llamado a saber cómo está conformado todo lo que existe, y de dónde viene. Yo tengo mis teorías. También anhelo poder hacer mi aporte a la humanidad, colaborar con mejorar un poco el mundo. Pero, no sé… Todos me dicen que debería ser más realista…” El profesor, estupefacto, se había ido encendiendo gradualmente mientras escuchaba la confesión de su alumno, ya que se sentía muy identificado. ¿Qué debía hacer con semejante manifestación? Era la oportunidad de sembrar, de estimularlo, de no dejarlo asfixiar por el aparente sinsentido circundante. Entonces, acometió. “Mirá, no está mal que pienses tanto, todo lo contrario. Eso sí, tenés que buscar un equilibrio, ya que podés ‘pasarte de vuelta’. Pero no dejes de cuestionarte. Sería bueno que encuentres otros con quienes compartir tus intuiciones e ideas. Solo es más difícil, podés cansarte, deprimirte. Aparte, caminando con otros uno se enriquece. Con respecto a lo de perder la capacidad de pensar, no creo que suceda. Tenés que ejercitarla para que no se duerma, pero evidentemente hay algo natural en vos que te predispone. Y no les hagas caso a los que te dicen que pensar mucho y preguntarte el ‘por qué’ de las cosas no es ser realista. Todo lo contrario, sos el más realista de todos, porque te estás haciendo las preguntas fundamentales del corazón humano.” Charlaron un poco más y dieron vueltas sobre lo mismo. El profesor se comprometió en darle alguna lectura que le pueda ayudar en sus planteos, y el alumno agradeció por eso, por la escucha y por el estímulo.

¿Por qué comparto esta hiperverídica y reciente historia? Porque muy probablemente, este docente que siembra inquietud y magnanimidad, y este alumno que se cuestiona y forma para contribuir a un mundo mejor, no sean tapas de revistas. No, no lo son. En cambio, sí son noticia los álbumes del mundial -y las locuras que se hacen por obtener la figurita de Messi-, el juicio y atentado a Cristina, los funerales de la Reina Isabel, o cuántos baleados entraron al Hospital Cullen anoche. Pero, ¿y esto tan grandioso, el hecho de que los jóvenes siguen teniendo ideales, se sigan cuestionando, y sigan queriendo colaborar en un mundo que nos quieren hacer creer que se cae a pedazos? A mí personalmente me llena de esperanza, y no puedo dejar de compartirlo.

¿Qué pasará con el alumno del relato y con su profesor? ¿Podrá aquél permanecer buscador de sentido? ¿Podrá volver a la Caverna, que son sus compañeros, pero que también es el mundo en el que vive, y contagiar a otros? Elijo mi propio final, en el que este alumno -que salió y vio un poco de lo que hay en el exterior, fruto de la luz del sol- retorna junto a sus compañeros y los conmueve de tal modo al relatar lo que experimentó, que estos logran quitarse las cadenas, arrojarlas y salir corriendo rápidamente afuera, donde el cielo es azul, el sol pleno, los pájaros cantan, y las azaleas explotan rosa y blanco, porque se avecina la primavera.

Imagínate, querido lector, si esto se hiciera viral en Tik Tok o en Twitter, ¿qué docente con dos dedos de vocación no pediría el traslado para trabajar con semejantes alumnos en ese Colegio de la Mancha, de cuyo nombre prefiero no hablar?



Lautaro Nicolás Valli