miércoles, 5 de julio de 2023

Desde mi ventana

 


Todos conocemos, directa o indirectamente, a Ana Frank. Muchos hemos leído su Diario en la escuela secundaria. Incluso hay, quizás, varios afortunados que tuvieron la dicha de visitar su casa en Ámsterdam. La traigo a colación porque en estos días leí unos pequeños fragmentos de su Diario, y me hicieron mucho bien.

Me llamó la atención, por sobre otras cosas, cuán significativo fue el pequeño pedazo de cielo que pudo contemplar en sus días de escondite, escapando de la persecución Nazi. Escribió en su Diario: “Contemplar el cielo, las nubes, la luna y las estrellas me tranquiliza y me devuelve la esperanza, y esto no es, ciertamente, imaginación. La naturaleza me hace humilde y me prepara para soportar con valor todos los golpes”, y también “Mientras esto exista y yo pueda ser sensible a ello no puedo estar triste”. Qué maestra de la esperanza.

Claro que me interpela porque siempre necesito un mínimo contacto con la naturaleza, ya sea un patio verde, una plaza o una maceta donde sembrar. Pero también me hace recapitular, y pensar en todas esas pequeñas ventanas de mi vida que me permiten experimentar lo mismo que Ana con el cielo azul sobre los tejados de Ámsterdam. Hablo de todos esos pequeños momentos en la vida cotidiana que me permiten respirar, cargarme de energía, estirar el alma, renovar la esperanza: una visita a mis abuelos al retorno del médico, unos mates con un amigo en la hora libre del instituto, un desayuno imprevisto con mi hermana al cruzarnos un lunes por la mañana… Pequeños momentos que me renuevan, de los cuales están llenos nuestros días, si –como bien dijo Ana- somos sensibles a ello.

Porque, esa es la clave, estar atentos. Sé que en todas las vidas existen esos pequeños trozos de cielo azul. Y también las ventanas por las que podemos verlos. En todas las vidas y en todas las casas, incluso en la nueva en que estoy viviendo. Aquí la luz natural y el contacto con el exterior escasean, ya que las aberturas son pocas. Pero fueron necesarios unos pocos días para encontrar el lugar desde el cual poder contemplar, al menos, un pedazo de cielo. Es la pieza en la que estoy escribiendo estas líneas. Ahora, cada vez que me siento a trabajar, estudiar, escribir o videollamar, miro desde mi ventana y me acuerdo de Ana y del “pequeño ventanuco de su buhardilla”. Y respiro aliviado.




Lautaro Nicolás Valli

 


5 comentarios:

  1. Hermoso mi Lau....
    Todo es perfecto...menos lo que te genera el encuentro conmigo..se nota que no me podés ni ver

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  2. Mentira...TE AMO...
    MUY LINDO LO QUE ESCRIBIS ..LLEGAN AL "ALMA"😘❤️

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  3. Que hermoso Lau. Vos sabés que yo también busco siempre la conección con la naturaleza. Y miro al cielo y busco en el a mis seres queridos que ya no están físicamente y diálogo con ellos. La creación de Dios es maravillosa. Tkm

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  4. Arriba, abajo o al costado. Chicas o grandes, tampoco importa la forma, las ventanas de la vida que nos conectan con la esperanza siempre están, solo se trata de encontrarlas y dejarnos inundar de su luz sea día o sea noche.
    Impecable como siempre Lauti. Amo la naturaleza y me sensibiliza muchísimo la historia de Ana.
    Hasta la próxima amigo.

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  5. Me encanta el mensaje, muy profundo, muchas gracias!
    - Andrea

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