Dicen que el hombre es
malo.
Te digo que no es
cierto.
He dado la vuelta al
mundo.
Esta es mi bolsa y lo
vuelco.
JOSÉ PEDRONI
Severino solía divertirse preguntándoles a los
chicos si los hombres éramos más buenos que malos o más malos que buenos.
Habitualmente se encontraba con un rotundo “más malos que buenos” como
respuesta, ante lo que se escandalizaba. Según él, si fuésemos más malos que
buenos, ya hubiésemos desaparecido. Concordé con él desde un principio. Tan es
así que una vez me pidieron que diga unas palabras en el acto de despedida de
mi señorita Alicia Dalmasso, y, para hablar de la bondad que ella había
encarnado, siendo una auténtica docente, les hice la misma pregunta a los
chicos ahí presentes. Debo admitir que no recuerdo qué me respondieron. Lo que
sí tengo claro es que, ante esta cuestión, la mayor parte de las personas no
concuerda con Severino. Tampoco conmigo.
Muchos
me dicen que soy un idealista, que ya voy a crecer y entender cómo son las
cosas. Yo no entiendo de qué hablan. Más bien, entiendo pero no comparto. Me
obstino en creer en la bondad de las personas. También en que, como el hombre
ve de lo que hay en su corazón, quizás lo que ve desordenado afuera, habla más
de lo que lleva dentro que de otra cosa. Y que si solo vemos mal es porque no
estamos enfocando bien.
China
Zorrilla también coincidía con nosotros, y sostenía que el bien no tiene buena
prensa, porque no vende. Pero que abunda, que siempre está, en cada situación y
en cada persona. Un ejemplo claro es el de la Doña Anita de José Luis, que
había perdido el billete que le servía de sustento durante todo un mes. Luego
de colgar un anuncio en el ascensor, para que sus vecinos lo sepan, se pasó
todo el rato pensando en cada uno de ellos, y cómo seguro alguno había
encontrado su plata y se la había gastado. Se llevó una gran sorpresa cuando
uno a uno vinieron a darle el dinero que le había faltado, incluso luego de que
ella ya lo haya encontrado dentro de un libro. Lloró de la alegría y sintió una
gran amargura por haberlos juzgado injustamente.
No
tengo ni los años ni la sabiduría de Pedroni, de Severino, de la China o de
José Luis. Pero no me hacen falta para estar de acuerdo con ellos en este
aspecto. Sin ir más lejos, entre tantos ejemplos que podría dar, elijo uno bien
reciente. El domingo fui autoridad de mesa en las elecciones. Estuve en la
escuela –en la otra punta de la ciudad- desde un rato antes de las 8 hasta casi
la 1 de la madrugada. Cuando terminamos hacía mucho frío y ya no quedaba nadie
en la calle. Salí de la escuela junto a otra chica que había estado en una mesa
vecina. Yo había ido en colectivo, así que me tenía que volver en lo mismo, o
en un taxi, si tenía suerte de que pasen a esa hora y por esa zona. La chica,
Priscila, me dijo que ella me llevaba –al menos- hasta la avenida. Acepté el
ofrecimiento, y me subí al auto de esta total desconocida, comandado por su
hermana, Cecilia. Salimos a la avenida mientras atábamos cabos: no iba a
conseguir colectivo a esa hora. Así que fuimos de a poco hacia el sur, para ver
si encontrábamos alguna remisería. Nada. Ni siquiera llamando por teléfono
conseguimos remís o taxi. Por lo que Cecilia y Priscila me terminaron llevando hasta mi casa, en la otra punta de la ciudad, a media noche y con un frío
tremendo. ¿Acaso no es esta una prueba irrefutable de que las personas somos
más buenas que malas?
Lautaro Nicolás Valli

Estoy convencido de que hay más personas buenas que malas; pero, las malas, ¡son tan ruidosas!
ResponderEliminarEl comentario anterior lo he hecho Pedro, de Sevilla. Nunca escribo anónimos, aunque soy un desastre digital. Un abrazo, Lautaro, enhorabuena por tu inspiración
ResponderEliminarNo sé si la pregunta esta bien formulada, no creo que sea algo que se pueda medir (mal de nuestra época querer medirlo y calcularlo todo), sí creo que las personas somos mas capaces de bien que de mal, nos es mas natural aún cuando todo alrededor nos invita al egoísmo e individualismo. El amigo Agustín diría que el mal no existe, que simplemente es ausencia de bien... y si falta el bien en las personas y en la sociedad, hay que hacerlo presente como lo hicieron estas dos hermanas con vos, no dudo que ellas descubrieron un bien mayor en tu persona! Gracias por compartir
ResponderEliminarHermosa historia Lautaro las chicas de diez hermoso gesto
ResponderEliminarCreo en la bondad de las personas, creo que se cultiva en el seno familiar. El don de buena gente se manifiesta continuamente, los pequeños gestos abundan y a veces pasan desapercibidos son caricias al alma de saber que son más de lo que parece. El gesto desinteresado y gratuito de esas dos chicas fue maravilloso. Como siempre un deleite tus reflexiones.
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