Dedicatoria:
A Ricardo, Daiana,
Leonardo, Julio y Viviana,
maestros para lograr estas líneas.
A los cientos de personas para quienes el
mate
es imagen de nuestra
amistad.
Preámbulo:
Del mismo modo
que no empieza uno a existir en el momento en que es parido, sino que lo hace
nueve meses antes, así el mate comienza a vivir previamente al instante en que
colocamos nuestros labios en forma de ípsilon griega y sorbemos. Por eso, lo
primero que hay que saber es cómo preparar el mate.
Instrucciones propiamente dichas:
Llene su pava
de metal -sí, de metal, nada de pava eléctrica, artefacto del demonio- con agua
de la canilla, o, en su defecto, de bidón o dispenser si la de su casa no es
potable. Coloque la pava sobre la hornalla, y prenda esta última.
Mientras el
agua se va calentando, busque su mate -el cual no puede ser sino una
cucurbitácea, es decir especie de calabacita-, y llénelo con tres cuartos de
yerba. Tómelo con su mano derecha –si es diestro- y con la izquierda tápelo.
Después empiece a sacudirlo, sin quitar la siniestra hasta que vuelva a dejarlo
sobre la mesada: su mano debe estar llena de polvo, y el ángulo que logró entre
la yerba y el lado interno del mate que está frente a ella, debe ser de 45°.
No se demore y
pruebe el agua para saber su temperatura: Vierta un poquito en el hueco logrado
e injerte la bombilla mirando hacia usted. Sorba una vez y si la temperatura
aún no es la ideal, deje la pava un rato más en el fuego. Tiene prohibido
retirarse o distraerse –con una mariposa, con el celular, o viendo si encuentra
algo que comer en la heladera- ya que si el agua se hierve deberá tirarla y
empezar nuevamente con todo. Cuando luego de sucesivas probadas llegó a la
temperatura deseada, cierre la hornalla. Puede colocar el agua en un termo para
mantener la temperatura o dejarla en la pava para gastar más gas y realizar
tres viajes innecesarios a la cocina.
Los mates
deben ser cebados –no servidos, ¡horror!- de la siguiente manera:
·
El chorro de agua siempre en el límite de la
bombilla y la yerba, nunca en el extremo opuesto. Cuando el sustento se va
lavando, puede ir aumentando la circunferencia gradualmente. Si luego de tres
mates ya se parece a la Laguna Setúbal antes de su bajante histórica, déjelo y
dedíquese a otra cosa.
·
Siempre con poca agua, así el que toma no se
cansa y se multiplican las rondas, alargando la mateada.
·
Un buen gesto es dirigir la bombilla hacia quien
se le está dando el mate. Si aquella baila y mira a cualquier lado, básicamente
le estamos diciendo al otro “no me importás”.
Si bien el
mate, como la vida, será verdadero mate cuando sea compartido, está permitido
prepararlo y tomarlo en soledad, ya que ayuda a la introspección y a la
relajación.
Una vez
observadas cada una de estas instrucciones puede entregarse al disfrute de lo
envidiado por el mismo Olimpo –ya que a sus pies nunca creció la yerba mate-: Boca
en forma de ípsilon griega, luego sorber.
Lautaro Nicolás


