Betania siempre quedó a tres kilómetros de Jerusalén. Pero aquel día, al Nazareno le parecía tanto más cercana… Quizás la muerte del amigo le recordó que no faltaba mucho para la suya. Se acercaba el momento.
Marta, como de
costumbre, iba y venía, porque “había que atender a los amigos” que se
acercaron a despedir a su hermano. María, como de costumbre, eligiendo la mejor
parte, estaba junto a Jesús, en silencio. Pero esta vez, le robó un gesto a su
hermana, e increpó al Maestro:
-Jesús –Él
levantó la mirada- Perdoname, pero, necesito decirte algo…
-¿Qué pasa?
-No por
privilegio, ni por creernos tus favoritos, sé que no lo somos… Bah, que en
realidad…
-Dale María,
sin vueltas, tranquila- Y la tomó de la mano.
-Bueno… Pensé
que quizás… Que quizás… -Y soltándose, llevó sus manos a la cara y empezó a
llorar. Siguió, angustiada- No sé, como a la viuda de Naím le resucitaste el
hijo… Con nosotros podías hacer algo parecido… Perdón…
Jesús la
abrazó, hasta que fue calmándose de a poco. Marta pasó ligero y dejó un vaso
con agua. María lo tomó y bebió, mientras secaba sus lágrimas. Ya no quedaba
nadie más que ellos tres.
-María… No
quiero sostener un discurso elegante pero muerto. No voy a decirte que sé lo
que se siente perder a un hermano, porque nunca me pasó. Pero, no quiero dejar
de mencionarte una cosa… -Ella lo miraba tranquila al fin- Si algo tenemos que
ver mi Padre y yo con esto de la vida y la muerte, no significa que siempre
obremos del mismo modo… O sea, a Lázaro, como a la gran mayoría de las personas,
le tocó lo más hermoso, resucitar miles de veces. –Ella, extrañada, lo seguía
escuchando- Creo que no hay nada peor que vivir sin vivir, es decir,
simplemente sobrevivir: que los días pasen, o mejor, “se nos pasen”, y no
hayamos podido elegir entregarnos a la apasionante aventura de amar, mucho y de
prisa. Lo peor no es la enfermedad, no… ¡Ni la muerte! No… Como ya te dije, lo
peor es simplemente sobrevivir, resignarnos al gris cotidiano, que se vuelve
eterno… Resucitamos, resurgimos cada día para la vida, y, algunos más, otros
menos, pero todos recibimos ese regalo… Lázaro resucitó mil veces, y sé que
varios cientos de ellas, los vivió en serio. Yo ya empecé a vivir la mía - la
definitiva -, con vos y tu hermana, que, aunque no cambien sus mañas, me hacen
gozar de este oficio honroso que es el de ser hombre… -Acarició su rostro, y
sonriente preguntó- ¿Resucitamos hoy?
Lautaro Nicolás

Creo que son de esas épocas que uno necesita leer esto. Gracias!
ResponderEliminarMuy bello Lauti, gracias por recordarnos la vocación de vivir. ¡Feliz aniversario de conocerte! Saludos, Lucas y Estefi.
ResponderEliminarRe (de nuevo) - suscitare (poner en movimiento, despertar). Una oportunidad que, gracias a Dios, tenemos cada día y, (cómo todo lo bueno, que viene en frasco pequeño) un día a la vez.
ResponderEliminarGracias, Lautaro Nicoláss
Bella y respetuosamente transgresor. Jesús humano y divino. Gracias!
ResponderEliminarQue hermoso Lautaro!!!
ResponderEliminarSublime
ResponderEliminarDios cercano... Dios Hombre. Maravilloso misterio.
ResponderEliminarHermoso, esperanzador y necesario. Te quiero bro
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