Iban a ser
balcones. Balcones floridos. Porque quería hablar de lo extraordinario, de eso
que nos saca del aburrimiento, la costumbre y el hábito.
Muchas veces
escribí acerca de lo contrario, de lo ordinario. Sobre todo para hacer hincapié
en la importancia de que cada uno de nosotros haga bien lo que le toca hacer
según su estado de vida.
Pero,
últimamente, he estado dándole vueltas a lo extra-ordinario, a eso que irrumpe
en nuestra rutina para recordarnos que estamos vivos, para desacartonarnos.
Y, como suelen
cautivarme las casas que tienen flores en los balcones -en parte porque me
recuerdan al Principito y su modo de mirar-, iban a ser balcones, balcones
floridos.
Pero, cuando
puse manos en la masa, me topé con las hortensias del último verano. No sabía
entonces, cuando las fotografié, que me iban a servir y tanto.
Porque, para esta ocasión, las hortensias vienen a ser lo mismo que los balcones floridos, ya que generan lo mismo en mis días cuando estos osan tornarse grises.
Lautaro Nicolás Valli

A veces pensamos que lo extraordinario tiene que ser algo espectacular, enorme y sin embargo es aquello que puede ser insignificante Pero nos saca de lo cotidiano para sorprendernos gratamente. A veces no son grandes cosas y otras veces pueden llegar a ser las mismas cosas renovadas con un toque diferente que las hace nuevas.
ResponderEliminarTal vez de eso se trata lo extraordinario de vivir no?