viernes, 22 de marzo de 2024

Vivir reconciliados

 


Ni siquiera una nueva vida exorciza a los viejos demonios y puede que nunca consiguiera exorcizar a los míos por completo. Pero había tomado la decisión de mudarme al campo por una necesidad poderosa, la necesidad de al menos llegar a un acuerdo con ellos.

 

Anhelo de Raíces

MAY SARTON

 

Cuando estaba en el Seminario circulaba un libro de Amadeo Cencini que llevaba el mismo título que estas líneas. Lo recomendaban los directores espirituales, y era casi de lectura obligatoria. No recuerdo si lo leí entero, pero sí que entré en contacto con él y de esa lectura brotaron algunas anotaciones.

Ahora, después de varios años, me brota la expresión “vivir reconciliados” para nombrar lo que anhelo mientras discierno cómo relacionarme sanamente con mis límites.

Seguro que muchos hemos sido aconsejados sobre distintos aspectos de nuestras vidas. Muchas veces se nos enseñó a ponerle un freno o asfixiar un sentimiento, un impulso, una palabra o un gesto. En el mejor de los casos se nos explicó por qué. Pero tantas otras veces solo se nos dijo que estaba mal, que no correspondía, que “eso no se dice”, “no se hace”, o “no se siente”. Que “no debemos”, o “no podemos”.

¿Qué pasa si solo reprimimos lo que nos hace entrar en conflicto? ¿Todos nuestros “excesos” deben ser arrancados de raíz? Es más, ¿se puede arrancar de raíz todo lo que habita nuestra humanidad?

Hace un tiempo, mientras ya venía rumiando especialmente todo esto, la lectura colectiva de un texto me iluminó. El mismo hablaba de Camilo de Lelis, santo italiano que vivió en el siglo XVI, al cual quiero mucho por coincidir su fiesta con el aniversario de mi bautismo, y porque todo lo que leí sobre él me atrapó y apasionó. Lo que más me interpeló de Camilo siempre, además de su entrega al servicio de los enfermos, fue un rasgo muy particular de su vida. En esa época, en que la medicina era distinta, tuvo que convivir durante la mayor parte de sus días con una llaga incurable en la pierna. Por esa llaga es que descubrió su vocación a servir a los enfermos, ya que por ser uno de ellos terminó en el Hospital Santiago de los Incurables. Así, Camilo es ejemplo de que no es necesario que esté “todo en orden” para tomar una decisión o empezar una misión, que se puede convivir con aquello que nos duele, e incluso eso puede ser lo que, misteriosamente, nos ayude a descubrir nuestra vocación.

Recordar a Camilo me ayudó, ya que durante mucho tiempo alimenté -e incluso alimento- una visión perfeccionista del ser humano, en que no hay lugar para las grietas, para los grises, para lo no resuelto. Cuánta falta nos hace entender que la vida del hombre no es pura claridad y orden, sino que es más probable que se caracterice por ser un manojo de contradicciones. ¡Pero tampoco está ni “bien” ni “mal” que seamos este sutil, intrincado, irracional y absurdo resultado de emociones, sentimientos, delirios, sueños y mitos, como decía Sabato! Somos así. Lo que sí no está bueno es no aceptarlo, y seguir reprimiendo todo aquello que no nos gusta y no podemos cambiar.

Es cierto, podemos cambiar algunos aspectos de nuestras vidas, pero no todos. Y vivir reconciliados con todo aquello que nos constituye es la mejor opción. Lo afirmo desde la experiencia de reprimir mucho durante mucho tiempo. Si no podemos exorcizar del todo a nuestros demonios, al menos hagamos el intento de llegar a un acuerdo con ellos. 




Lautaro Nicolás Valli


Ilustración: Claudio Kucharczuk

 

2 comentarios:

  1. "Cambia lo superficial, también cambia lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo"..... Cambia todo cambia querido amigo lo importante es luchar por cambiar y combatir a esos demonios que nos impiden vivir reconciliados. Excelente artículo como siempre. Muy bien elegido el tema. Abrazo amigo.

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  2. ¡No sabes lo oportuno e iluminador que resulta tu escrito! Ojalá eche raíces, crezca y fructifique. Encomendemoslo a San Camilo

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