“Tantas charlas, tanta
vida, tanto anochecer con olor a comida,
son una eternidad
familiar, que en un solo día no puede cambiar,
¡y afuera llora la
ciudad, tanta soledad!
¡Estos muros, estas
puertas, no son de mentira, son el alma nuestra,
barco quieto, morada
interior, que viviendo hicimos igual que el amor,
y afuera llora la
ciudad, tanta soledad!”
“Barco quieto”
María Elena Walsh
Hoy tenía
planeado, luego del trabajo en el Santuario, pasar a buscar en auto a un amigo
para dar una vuelta y comer algo por ahí, quizás unos choripanes en la
Costanera. Con todo, no pudimos, porque cuando me dispuse a ir a buscarlo, se
desencadenó una tormenta de viento que cambió la temperatura e hizo volar
varias cosas. Entonces, pasé a buscar a mi amigo por el trabajo, y lo alcancé
hasta su casa, porque ya empezaba a arremolinarse la tierra. Estando en la otra
punta de la ciudad, comencé el retorno a casa, no creyendo conveniente estar
con el auto afuera, por si acaso cayera granizo, o volara alguna rama. Me
esperaban mis padres y mi hermana, con la luz cortada. A los minutos, disfruté
contento del aire fresco que inundaba la casa, y suspiré agradecido.
Agradecido por
mi casa, que es más que los ladrillos pegados y el techo firme: la casa que son
la ternura y omnipresencia delicada de mi mamá, la reciedumbre de mi papá en
sus trabajos cotidianos, el incesante chicaneo de mi hermana y su esporádica y
gustosa camaradería. También la casa que
son mi familia grande: principalmente mis abuelos –las personas más fieles que
conozco- y mis tíos –que se desviven por nosotros-.
Por otro lado,
¿cómo no pensar en los amigos que me hacen de casa? Sin poder realizar una
lista exhaustiva, haré mención de un par a modo de ilustración. En este último
tiempo, ha cobrado vigor la relación con Marcela y Natalia, quienes atendiendo la
librería Paulinas, no solo se dedican a vender libros y estampitas, sino que,
por carisma, albergan al peregrino y necesitado. Ellas son actualmente mi casa
en el atiborrado centro, cuando tengo un rato entre clases del Huerto, cuando
se me pincha la rueda de la bicicleta, o cuando simplemente paso y necesito un
momento de distensión.
Digo que mi
gente es como mi casa, porque junto a ellos experimento seguridad y calor de
hogar. Pero más bien son como los andamios de mi vida, el sostén necesario para
el tiempo en que me voy construyendo paso a paso. Sin ellos yo no podría casi
nada, o sería más difícil. Su presencia me unge, me fortalece para patear la
cancha, a la que tanto miedo le tengo a veces.
Y no hace
falta estar pegoteados. Simplemente con saber que están y que son un puerto
seguro al que podemos volver basta: mi papá abriéndome el portón bajo la
lluvia, mi hermana regalándome un sachecito de mayonesa, y mi mamá prendiendo
una velita roja para que vea mientras me bañaba, fueron suficientes para estar
contento, en una noche con cambio de planes, solo en mi pieza, y escribiendo
esto, junto a una taza de té y una bolsa de masitas.
Lautaro Nicolás
Lo simple, lo cotidiano, es invisible a los ojos!! Deberíamos estar más despiertos!!
ResponderEliminarAbrazo grande Lauti!!
Me encantó?!
Tener una casa firme...no significa tener un hogar...
ResponderEliminarEso que vos encontraste al volver es hogar, refugio contención, dónde el Amor es verdadero...desinteresado, incondicional
Yo lo tuve en un tiempo y doy gracias a Dios por los padres que tuve y que fueron ese refugio cálido,ese nido que necesitamos al volver ANITA
Que bella descripción de lo cotidiano.
ResponderEliminarEs tan necesario como el agua y el sol.
Creo que esa magia diaria, esa gente, tierna y fuerte a la vez, es la que nos la seguridad que necesitamos.
Hermosa reflexión, que me llevó a lugares comunes.
Gladis.
ResponderEliminarLa casa...el hogar....nuestro cálido refugio en dónde siempre nos espera la familia con sus simplezas,sus sorprendentes actos cotidianos,sus amorosas acciones.El refugio para recibir amigos,atesorar valores, alojar amores.
ResponderEliminarHermoso relato.Un placer siempre leerlos. Cariño enorme.Rosana
Mi Casa es Grande, y gracias a Dios hay lugar para todos los que quieran compartir una charla, momentos que quedan grabados en el corazón y enriquecen el alma. En las pequeñas cosas cotidianas radica la felicidad. Te Abrazo Fuerte Lauti!! Susy Alamo
ResponderEliminarEl nido...pocas veces valorado. La familia con sus idas y vueltas. Amigos que son más que familia 💞. Y lamentablemente algunos, gracias a Dios, los menos, no aprenden a valorar a la Familia. Otros la valoran cuando ya la perdieron. Sólo nos llevamos los momentos compartidos con los seres más cercanos... familia y amigos. Te quiero mucho, bendiciones 🙏
ResponderEliminarGracias a vos por ser también casa... Alborotada y sorpresiva, pero firme en sus cimientos y guardiana en su cariño refugiante.
ResponderEliminarAtte. Tu amigo: Mate dulce, musical y con yuyito.
Suspiré agradecido!
ResponderEliminarDos palabras que resumen todo!
Alfredito
Que hermoso leerte Lau!!! Me hiciste reir con la descripción tan acertada de tu relacion con mili.
ResponderEliminarQue tranquilidad nos trae al alma tener un puerto seguro al cual llegar y sentirnos "como en casa". Abrazo grande!!! Vale Monti:)
Mejor descripción, imposible!! Lo ma mejor!! Al alcance!! ASÍ COMO LO ESCRIBISTE!! EXCELENTE!!, como siempre!! Abrazito!
ResponderEliminarPoder tener más de un hogar, más de un amigo, familiares que te aguanten y te hagan sentir querido, más que una bendición es un privilegio. Veo todos estos comentarios en tu post, veo el fruto de tu esfuerzo y pienso: "Qué bueno saber que está bien, que está sostenido, qué bueno saber que el amor lo baña". Aferrate a este amor y florecé.
ResponderEliminarHermosa descripción, Lautaro, viajé con vos todo el tiempo…
ResponderEliminarQué gracia de Dios contar con “esos refugios seguros”, muestra de su ternura y amor incondicional.
Ana
Lauti!
ResponderEliminarQue hermosas palabras :)
(QUECHA)
Me quedo con estas dos palabras:Suspire agradecido
ResponderEliminarVivenciar ese agradecimiento por las cosas simples y sentir que nada de lo esencial nos falta es maravilloso.