jueves, 18 de noviembre de 2021

Los andamios de mi vida

 



“Tantas charlas, tanta vida, tanto anochecer con olor a comida,

son una eternidad familiar, que en un solo día no puede cambiar,

¡y afuera llora la ciudad, tanta soledad!

 

¡Estos muros, estas puertas, no son de mentira, son el alma nuestra,

barco quieto, morada interior, que viviendo hicimos igual que el amor,

y afuera llora la ciudad, tanta soledad!”

 

 “Barco quieto”

María Elena Walsh

 

 

Hoy tenía planeado, luego del trabajo en el Santuario, pasar a buscar en auto a un amigo para dar una vuelta y comer algo por ahí, quizás unos choripanes en la Costanera. Con todo, no pudimos, porque cuando me dispuse a ir a buscarlo, se desencadenó una tormenta de viento que cambió la temperatura e hizo volar varias cosas. Entonces, pasé a buscar a mi amigo por el trabajo, y lo alcancé hasta su casa, porque ya empezaba a arremolinarse la tierra. Estando en la otra punta de la ciudad, comencé el retorno a casa, no creyendo conveniente estar con el auto afuera, por si acaso cayera granizo, o volara alguna rama. Me esperaban mis padres y mi hermana, con la luz cortada. A los minutos, disfruté contento del aire fresco que inundaba la casa, y suspiré agradecido.

Agradecido por mi casa, que es más que los ladrillos pegados y el techo firme: la casa que son la ternura y omnipresencia delicada de mi mamá, la reciedumbre de mi papá en sus trabajos cotidianos, el incesante chicaneo de mi hermana y su esporádica y gustosa camaradería.  También la casa que son mi familia grande: principalmente mis abuelos –las personas más fieles que conozco- y mis tíos –que se desviven por nosotros-.

Por otro lado, ¿cómo no pensar en los amigos que me hacen de casa? Sin poder realizar una lista exhaustiva, haré mención de un par a modo de ilustración. En este último tiempo, ha cobrado vigor la relación con Marcela y Natalia, quienes atendiendo la librería Paulinas, no solo se dedican a vender libros y estampitas, sino que, por carisma, albergan al peregrino y necesitado. Ellas son actualmente mi casa en el atiborrado centro, cuando tengo un rato entre clases del Huerto, cuando se me pincha la rueda de la bicicleta, o cuando simplemente paso y necesito un momento de distensión.

Digo que mi gente es como mi casa, porque junto a ellos experimento seguridad y calor de hogar. Pero más bien son como los andamios de mi vida, el sostén necesario para el tiempo en que me voy construyendo paso a paso. Sin ellos yo no podría casi nada, o sería más difícil. Su presencia me unge, me fortalece para patear la cancha, a la que tanto miedo le tengo a veces.

Y no hace falta estar pegoteados. Simplemente con saber que están y que son un puerto seguro al que podemos volver basta: mi papá abriéndome el portón bajo la lluvia, mi hermana regalándome un sachecito de mayonesa, y mi mamá prendiendo una velita roja para que vea mientras me bañaba, fueron suficientes para estar contento, en una noche con cambio de planes, solo en mi pieza, y escribiendo esto, junto a una taza de té y una bolsa de masitas.

 


Lautaro Nicolás

15 comentarios:

  1. Lo simple, lo cotidiano, es invisible a los ojos!! Deberíamos estar más despiertos!!
    Abrazo grande Lauti!!
    Me encantó?!

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  2. Tener una casa firme...no significa tener un hogar...
    Eso que vos encontraste al volver es hogar, refugio contención, dónde el Amor es verdadero...desinteresado, incondicional
    Yo lo tuve en un tiempo y doy gracias a Dios por los padres que tuve y que fueron ese refugio cálido,ese nido que necesitamos al volver ANITA

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  3. Que bella descripción de lo cotidiano.
    Es tan necesario como el agua y el sol.
    Creo que esa magia diaria, esa gente, tierna y fuerte a la vez, es la que nos la seguridad que necesitamos.
    Hermosa reflexión, que me llevó a lugares comunes.

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  4. La casa...el hogar....nuestro cálido refugio en dónde siempre nos espera la familia con sus simplezas,sus sorprendentes actos cotidianos,sus amorosas acciones.El refugio para recibir amigos,atesorar valores, alojar amores.
    Hermoso relato.Un placer siempre leerlos. Cariño enorme.Rosana

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  5. Mi Casa es Grande, y gracias a Dios hay lugar para todos los que quieran compartir una charla, momentos que quedan grabados en el corazón y enriquecen el alma. En las pequeñas cosas cotidianas radica la felicidad. Te Abrazo Fuerte Lauti!! Susy Alamo

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  6. El nido...pocas veces valorado. La familia con sus idas y vueltas. Amigos que son más que familia 💞. Y lamentablemente algunos, gracias a Dios, los menos, no aprenden a valorar a la Familia. Otros la valoran cuando ya la perdieron. Sólo nos llevamos los momentos compartidos con los seres más cercanos... familia y amigos. Te quiero mucho, bendiciones 🙏

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  7. Gracias a vos por ser también casa... Alborotada y sorpresiva, pero firme en sus cimientos y guardiana en su cariño refugiante.
    Atte. Tu amigo: Mate dulce, musical y con yuyito.

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  8. Suspiré agradecido!
    Dos palabras que resumen todo!
    Alfredito

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  9. Que hermoso leerte Lau!!! Me hiciste reir con la descripción tan acertada de tu relacion con mili.
    Que tranquilidad nos trae al alma tener un puerto seguro al cual llegar y sentirnos "como en casa". Abrazo grande!!! Vale Monti:)

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  10. Mejor descripción, imposible!! Lo ma mejor!! Al alcance!! ASÍ COMO LO ESCRIBISTE!! EXCELENTE!!, como siempre!! Abrazito!

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  11. Poder tener más de un hogar, más de un amigo, familiares que te aguanten y te hagan sentir querido, más que una bendición es un privilegio. Veo todos estos comentarios en tu post, veo el fruto de tu esfuerzo y pienso: "Qué bueno saber que está bien, que está sostenido, qué bueno saber que el amor lo baña". Aferrate a este amor y florecé.

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  12. Hermosa descripción, Lautaro, viajé con vos todo el tiempo…
    Qué gracia de Dios contar con “esos refugios seguros”, muestra de su ternura y amor incondicional.
    Ana

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  13. Me quedo con estas dos palabras:Suspire agradecido
    Vivenciar ese agradecimiento por las cosas simples y sentir que nada de lo esencial nos falta es maravilloso.

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