Elvio, tu mirada, tu profunda mirada, y tu sonrisa, que no siempre estaba, pero que cuando se dibujaba, era un deleite… Ellas, más tu silencio interrumpido por recurrentes carraspeos, son bálsamo en momentos de inquietud y de duda.
Fuiste mi maestro, y lo seguís siendo. Me enseñaste ayer con tus palabras, y con tus silencios, con cada recepción incondicional. Te has convertido en compañero y amigo, incluso al haber pasado cuatro años de tu muerte.
No hay día en
que no te recuerde, en que no se alegre mi corazón por tu vida en la mía. Y tu
recuerdo no es algo que me ata, sino que por el contrario, me libera e impulsa.
Haberte conocido, y seguirte conociendo, son un regalo que recibo abierta y
libremente, porque me ayuda en profundidad.
Maestro de
humanidad, y maestro de Iglesia, sos signo de esperanza, al menos para la vida
de este joven peregrino. No le escapaste a la vida, la viviste a pleno. No le
escapaste a la Iglesia, sino que la conociste, elegiste, amaste, sufriste,
promoviste, hasta el último suspiro…. Y no te fue fácil. Tu entrega limpia y
fuerte te valió la soledad, el desprecio de tus pares y superiores, la cárcel
por sospechas e incomprensiones injustas. Pero vos no te fuiste, te quedaste en
la humanidad y en la Iglesia… Porque eras sabio, es decir, saboreabas
fenomenalmente lo más hondo de la persona humana y del cristiano. Fácil es
intentar el cambio desde afuera… Cualquiera, en un legítimo arrebato, puede
pegar el portazo e irse… Pero más difícil y grandioso, por lo tanto valorable y
edificante, es quedarse, y desde adentro, ayudar en el proceso de purificación
y de progreso (pero de purificación y progreso auténticos, eh!).
Vos te
quedaste, y no ilusamente… Te quedaste y sos ejemplo para los que estamos
empezando el camino. ¿Te acordás cuando te dije “padre, naciste con Boneo, y hoy estamos en Arancedo! O sea, (teniendo
en cuenta que fueron 90 años y seguía estando) sí se puede ser fiel hasta lo
último…”? Y sí… Vos no lo dijiste, pero, de hecho, tu vida fue el ejemplo
de que se puede ser fiel, de que no es imposible quedarse y promovernos…
[Dice un sabio “no hay nada nuevo bajo el sol”, y
coincido… Lo nuevo puede ser otra forma de manifestar lo mismo, pero en esto de
la humanidad, y en esto de la Iglesia, vamos evolucionando, descubriéndonos,
avanzando hacia nuestra plenitud, y no debemos alarmarnos tanto... No hay nada
nuevo bajo el sol… El hombre es bueno por naturaleza, y hay más bien que mal,
sino ya hubiésemos explotado… Lo que pasa es que el mal tiene más prensa (y hoy
parece que más por el fenómeno de las redes sociales).
En fin….
Reconocer nuestra humanidad, quedarnos en la humanidad, promover la humanidad…
Reconocer nuestro ser Iglesia, quedarse en la Iglesia, promover la Iglesia…
Anhelar ser signo de esperanza para los demás…]
Gracias Elvio
por haberme enseñado y seguir haciéndolo. Te quiero.
Lautaro Nicolás

Muy bellas tus palabras lautaro.muy sentidas.nos das a conocer la bella persona que era el padre elvio
ResponderEliminarUn hombre con la belleza que sólo da Dios…
ResponderEliminarGracias por compartirlo.
Ana
Lautaro, transmitis todo lo que siento por el Padre Elvio, maestro de la Fe!!!
ResponderEliminar[14:00, 27/11/2021] Anita: Bello recuerdo y gracias por compartir
ResponderEliminarTus palabras reflejan mucho amor
Que el desde el cielo siga guiando tus pasos☺️❣️
[16:29, 27/11/2021] Lautaro( Porres):
Mejor no pudiste haber descripto a este gran hombre que tuvimos el privilegio de conocer!. Me Gusta que siga siendo maestro y guía! Más para vos! Abrazo! Felicitaciones por tus hermosas palabras!
ResponderEliminarEl padre Elvio es ejemplo de fe y esperanza,su recuerdo nos invita a cultivar nuestra alma, en este comienzo de adviento para que Jesús pueda nacer y permanecer en el. Gracias Lauraro
ResponderEliminarSi bien no tuve el placer de haber tenido una relación muy cercana, sé positivamente que fue un excelente referente en cuanto a su fe,su ejemplo y su labor incansable para dar testimonio del amor de Nuestro Señor Jesús. Gracias Lauti porque a través de tus palabras nos lo dejaste conocer un poquito más y verificar que aún hoy perdura todo lo que ha sembrado.
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