Por eso estoy aquí cantado,
por eso estoy aquí soñando
con el hombre feliz, el hombre nuevo,
el hombre que te debo mi país.
Qué triste y qué lindo
JULIÁN
ZINI
¿Cómo empezar
estas líneas de otro modo? ¿Cómo no hacerlo con los versos que un grupo de
apasionados grabó a fuego en mi corazón hace unos pocos días?
Sabía que
luego de la proyección del documental sobre Catena en Villa del Parque iba a
escribir algo. Pero no sabía que se me iba a volver una necesidad imperiosa,
una especie de deber que me brota de las entrañas, movido por la emoción y la
alegría.
El marco del
evento fue un ciclo de cine santafesino llevado adelante por la Organización La
Brigadier. Las dos entregas anteriores fueron, primero “Rinoceronte”, y luego
“Tire dié” y “Los inundados”. Ambos
encuentros fueron en la CTA, frente a Plaza España. Pero esta vez, la tercera,
se realizó en conjunto con la Fundación Padre Catena en Villa del Parque, en la
parroquia Cristo Obrero. Vino muy bien la inquietud de la Organización de
proponer este documental, ya que en noviembre se cumplen 40 años de la muerte
de Catena, el sacerdote que vivió junto a las primeras familias, cuando Villa
del Parque era “el Triángulo”, estrechamente vinculado con el surgimiento de las
instituciones del barrio.
Son tantas las
cosas que me gustaría decir en este momento frente a la hoja en blanco… Cómo se
forjó la idea de la proyección del documental, los rostros y las historias que
fueron brotando en el proceso de preparación del tan esperado día, todo lo que
aprendí, todo lo que confirmé, todo lo que me queda cual remolino por dentro… A
pesar de la dificultad de poner en palabras lo intransferible, creo que algo
aceptable puedo hacer.
I
Me animo a
decir que el encuentro en el cual se proyectó el documental de Catena nació de
una búsqueda. O de varias que se encontraron en un cruce de caminos. Iván,
joven estudiante de historia en la UNL, fue un día a la librería Paulinas de
Santa Fe, buscando material sobre Catena. El interés le venía porque,
investigando por motivos académicos, dio con este hombre que era de sus pagos.
Osvaldo era de San Mariano, Iván de San Vicente. Entonces, como se estaba
interiorizando en los convulsionados 60 y 70 argentinos, llegó al Movimiento de
Sacerdotes para el Tercer Mundo, y allí estaba su paisano, cura tercermundista.
En Paulinas no había el día que llegó bibliografía relacionada. Pero su
encargada, Marcela, le dijo que tenía un amigo con quien podía hablar al
respecto, que algo sabía sobre Catena y los tercermundistas. Así entramos en
contacto con Iván. Entre los primeros mensajes fue el documental “El hombre
nuevo”, que es del 2007 y cuenta con detalle gran parte de la vida de Osvaldo,
especialmente su período vinculado a Villa del Parque, hasta el exilio en 1974.
Claro está que antes de enviar el video lo volví a ver. Y fue la ruptura de una
piedra de la que empezó a brotar un manantial que no pude frenar.
II
La primera vez
que vi este documental fue hace muchos años, cuando todavía estaba en el
Seminario. Entonces, había dos motivos por los cuales me interpelaba su figura.
El primero se debía a que gran parte de la música litúrgica que habitaba
nuestros días estaba vinculada con Catena. De algunas canciones era su autor
total. De muchas, compositor de la música, o adaptador en el caso de melodías
tradicionales extranjeras. En otras había aportado la letra. Todo lo que tenía
el sello del “Grupo Pueblo de Dios” para nosotros era suyo. También los
cancioneros “Cantemos hermanos con amor” y “Gloria al Señor”. Catena vivía con
nosotros.
Otro motivo
por el que su figura me resultaba relevante era por los testimonios de algunas
personas de las cuales fui cercano y lo habían conocido, especialmente los
curas viejos. Por ejemplo, Nicolás Grenón lo recordaba con mucho amor, diciendo
que a Catena le debían la cuota de libertad, de frescura, de desacartonamiento
en su proceso formativo, tan enclaustrado en ese pre Concilio Vaticano II.
Elvio Alberga también lo tenía muy presente. Un día le pregunté, ya que Osvaldo
había sido maestro de su grupo, quién había sido mentor de Osvaldo. Y me
respondió que Catena era original. Siempre me quedó esto. Y siempre, sin
ahondar demasiado en su vida, lo recordé con respeto, ya que si era ponderado
por alguien como Elvio, realmente debía ser valorable. Claro que este
fundamento quedó chico al correr del tiempo, y hoy se suman otros motivos a mi
criterio para valorar a Osvaldo. Pero en esa primera juventud esto me bastó.
III
Luego del
primer intercambio de mensajes con Iván, nos conocimos personalmente y
charlamos sobre Catena y su contexto, el Movimiento de Sacerdotes para el
Tercer Mundo y aquellos miembros de dicho grupo que yo había conocido,
especialmente Elvio y Severino. Después de ese encuentro no quedamos en nada,
aunque sí muy estimulados. Yo, por mi parte, antes de ir a verlo, había releído
casi íntegra la biografía de Osvaldo, escrita colectivamente por la Fundación
Padre Catena, publicada en su reedición por la UNL. Ese día le presté el libro.
Poder hallar un interlocutor a quien le interesara todo este mundillo que a mí
me atraviesa, me apasiona, me movilizó mucho. Seguimos en contacto y cada vez
que daba con algún material afín se lo enviaba. Así, luego del receso invernal,
Iván me comentó que en la Organización La Brigadier, que nuclea a estudiantes
universitarios y a la cual pertenece, estaban planificando un ciclo de cine
santafesino para el segundo semestre del año y él había propuesto el documental
de Catena. Entonces me sumé a la preparación.
IV
En simultáneo
al comienzo del vínculo con Iván se dio también la posibilidad de conocer la
Fundación Padre Catena, con Bety a la cabeza. Surgió como algo más en una
conversación por WhatsApp la posibilidad de proyectar el documental en el
barrio. Yo le conté que estaba también en contacto con algunas personas de
Benito Juárez (ciudad donde culminó su vida Catena), quienes me habían contado
que allá habían declarado de interés municipal el 40 aniversario de su muerte.
¿Y acá, en su ciudad, en su barrio? Creí que no podían pasar los meses sin que
se realizara algo recordándolo. Por lo que estas inquietudes, la mía y la de
Bety, se encontraron con la de Iván. Así tuvimos una primera reunión nosotros
tres más otro de los chicos de La Brigadier, y todo se fue encauzando, con la
tarde del viernes 11 de septiembre como feliz horizonte.
La preparación
del evento hizo que vaya entrando en contacto con varias personas cercanas a
Catena, quienes lo habían conocido en su niñez o juventud y para los que Ovaldo
era realmente importante. Esto me ayudó a seguir creciendo en conocimiento y
cariño hacia él.
V
Finalmente
llegó el día tan esperado. Los jóvenes éramos los menos. Quienes en otra época
compartieron en distintos contextos la vida con Osvaldo Catena coparon la
parroquia Cristo Obrero. Fue hermoso contemplar cómo fueron llegando,
reencontrándose después de mucho. Mientras sucedía esto, se fue preparando el
proyector y empezó a sonar música, una lista de reproducción hecha con las
canciones del documental. A un costado, sobre un tablón, una pequeña exposición
con pertenencias de la Fundación: discos de pasta de la Misa Criolla, otros
litúrgicos y del coro Los Cantores de Cristo Obrero, cancioneros, recortes
periodísticos y ¡hasta el maletín de Catena! También ejemplares de la biografía
de Osvaldo para comprar. Sin mucho preámbulo dimos comienzo a la proyección.
Fue emocionante percibir el murmullo que brotó de las personas que se
reconocían en el video, o que recordaban a tal o cual vecino que ya no está. El
documental termina con la canción “Qué triste y qué lindo”, cuyo estribillo fue
cantado espontáneamente por la mayoría de los presentes, para sorpresa y
admiración del resto, resto en el cual me incluyo. Luego del aplauso prolongado,
tomó la palabra Pablo Testoni, director del film, quien compartió con nosotros
lo que significó trabajar en su confección y sus resonancias al volver a ver esta obra después de tantos
años y reencontrarse con quienes participaron con su testimonio de ella. Una de
las mujeres presentes nos dio la letra de la canción del Hombre Nuevo. Así que,
una vez repartidas las copias, todos juntos entonamos el canto nuevamente, con
especial énfasis por parte de los mayores al momento del estribillo.
…
Antes de
concluir estas líneas me interesa mencionar dos cosas, las cuales me animo a
decir que están estrechamente vinculadas entre sí.
La primera
tiene que ver con que, tanto en la gestación de la proyección del pasado
viernes 11/9 como el mismo día del evento, me interpeló profundamente cómo
Catena es tanto o más valorado fuera de ámbitos eclesiales que dentro. Por su
obra musical, en Santa Fe y el resto del país. Por su obra “social”, en Villa
del Parque y barrios aledaños, por los vecinos comprometidos con el trabajo
comunitario, por los militantes políticos de entonces y los de ahora, todas
personas que creen profundamente en la potencia del esfuerzo compartido, de la
lucha codo a codo en pos de una vida mejor, tanto en lo material como en lo
espiritual, ambas dimensiones inseparables de la única vida humana que tenemos.
La segunda, que
explica en cierto punto lo del párrafo anterior, es cómo en ciertos ámbitos decir
“Catena” es sinónimo de comunismo, subversión, guerrilla, violencia, revolución
armada. Todavía recuerdo a una mujer, exalumna del Colegio de las Hermanas
Adoratrices, que para criticar al Colegio del Calvario, a las religiosas calvarianas
y a Osvaldo su capellán, ponderaba a la “Madre Lagrange”, gracias a quien “el
comunismo no iba a entrar en el Colegio (Adoratrices)”. Por otro lado, hasta el
día de hoy existen sacerdotes que afirman que Catena incentivó a jóvenes a
“involucrarse en la guerrilla” y a seminaristas “a tomar las armas”. Quizás
quienes forjaron esta falsa imagen de Osvaldo Catena fueron quienes nunca aceptaron
la radicalidad con que tomó la apertura y fraternidad propuesta por el Concilio
Vaticano II. No pudieron, tal vez, siquiera entender que un sacerdote pueda ser,
lejos de todo paternalismo, hermano de todos, y se comprometa de semejante
manera con el bien integral de sus hermanos. No solo con la “salvación de sus
almas”, almas desencarnadas, propias de una visión reduccionista del ser
humano, tan lejana al Evangelio del Verbo Encarnado, sino con todo lo que lo
constituye: salud, educación, tierra, trabajo, arte, etc. Que no se quedó
encerrado en una sacristía y no hizo distinción, sino que recibió y compartió
con todos: los vecinos, el coro, las alumnas del Calvario, sus hermanos
sacerdotes, los militantes políticos… Creo que ilustra bien este punto lo que
de él expresó Luis Amézaga en el documental: Así como a Cristo no lo condenaron por su palabra clara sino por su
vida oscura, a Catena también, no lo condenaron por su palabra clara, lo
condenaron por su vida oscura, o sea: come con los pecadores, acaricia a las
prostitutas, es amigo de los bebedores…
Por todo esto
me parece importante decir “Catena” en 2026. Porque está en las raíces de
nuestra ciudad y de nuestra Iglesia diocesana. Porque lo ensuciaron y le
debemos mucho. Porque quien se acerca a él no queda indiferente. Porque solo
quien siembra vida puede cosechar vida incluso con el paso del tiempo. Porque
no hay otra explicación… ¿Cómo puede seguir movilizando alguien que desapareció
físicamente hace cuarenta años? ¿Cómo puede brotar de esas gargantas tan
espontánea y enérgicamente, cual himno, cual manifiesto, la canción del Hombre
Nuevo? ¿Cómo después de tanto?
Y así, Catena
hoy se vuelve llama, posta que recibimos los que hemos sido alcanzados por el
testimonio de los mayores que lo conocieron y para quienes sigue siendo estímulo
en sus luchas cotidianas, personales, pero principalmente comunitarias. Que nos
sirva también a nosotros la letra de ese himno para seguir creyendo en lo
hermoso, desafiante y necesario que es volver a mirarnos a los ojos,
reconocernos todos hermanos de todos, tomarnos de las manos y construir un
barrio, una ciudad, un país y un mundo más humano.
Lautaro Nicolás Valli
