El título de
este texto me viene rondando desde hace casi un mes. La noche del sábado 30 de
noviembre tuvimos el primer taller de la Comunidad Centu en Santa Fe, en la
parroquia San Roque. Fue un evento muy importante, tanto para nosotros como
comunidad como para mí en particular. Uno de mis compañeros, Joaquín, contó por
qué quienes originaron nuestro grupo decidieron darle ese nombre. Hay un
vínculo estrecho con el Centurión del Evangelio que intercede por la salud de
su “servidor”. No es mi deseo explayarme en eso ahora, pero lo traigo a
colación porque Joaquín se valió de la pregunta “¿Por qué Centu?” para dar esa
explicación. Cuando él terminó, yo aproveché que estaba proyectada esa frase en
la pared del salón en que estábamos reunidos e intenté expresar la que, a mi
sentir, es la razón de nuestra existencia como comunidad, por qué creo que es
necesaria una comunidad como la nuestra. Posiblemente algún lector no conozca
nada de Centu, por lo que intentaré, de manera sintética, contar cómo surgió y
cómo nos encuentra el 2024 en Santa Fe.
La Comunidad
Centu (originariamente Grupo El Centurión) nació a finales de 2018 en San
Isidro, Buenos Aires, por inquietud de un grupo de jóvenes que, cansados de la
frivolidad que encontraban en ciertas aplicaciones de citas, buscaban vínculos
de otro tipo, con quienes se pudiera compartir más que meros encuentros
casuales. La dimensión espiritual era importante en sus vidas, por lo que ese
fue uno de los aglutinantes, quizás el más importante. Se encontraron con que
también había otros que pertenecían a la diversidad sexual y además eran
católicos, anhelando vivir a pleno su fe. En simultáneo fueron descubriendo que
eran muchos los que, por diversos factores, experimentaban tensión entre esas
dos dimensiones de sus propias vidas. Así, se convirtieron en un primer grupo
incipiente, que de a poco fue creciendo con el deseo de promover un espacio
seguro para todos aquellos que no hallaban en sus lugares de origen el sitio
donde poder vivir de manera integrada estas dos dimensiones de sus vidas, la
orientación sexual o identidad de género y la espiritualidad.
Centu llegó a
mi vida en 2020 por medio de Alfred, un amigo muy querido, entrerriano viviendo
en Francia en esa época. Me contó que hacía un tiempo había empezado a seguir
en Twitter a un chico llamado Santiago Mugica, que se presentaba como el “Trolo
católico” y hablaba abiertamente de su orientación sexual diversa y de su
pertenencia a la Iglesia con total naturalidad. Este chico formaba parte de
Centu y lo invitó a Alfred a sumarse a las actividades. Como estábamos en plena
reclusión por Covid, todo fue virtual ese año. Así, el 27 de junio del 2020
participamos con mi amigo del primer taller virtual de Centu. Fue en esta época
que el grupo empezó a crecer y federalizarse. Entonces, la diversidad ya no era
sexual, sino que también geográfica, y, por lo tanto, de tonadas. Entrar a ese
primer taller fue muy especial, muy fuerte. Sentí algo que nunca había
experimentado hasta el momento, la sensación de “acá no tengo que dar
explicaciones”. A muchos de los que nos sumamos esa tarde de sábado, creo que
una de las cosas que más nos interpeló fue ver a Hugo, sacerdote de San Isidro,
compartir la actividad con mucha naturalidad y decir unas palabras al terminar.
Luego de este evento, esperé con ansias cada nuevo taller virtual mensual. El
número de participantes siguió creciendo y, éramos tantos los nuevos que a un
conjunto reducido se nos propuso formar parte de un “grupo de vida”, el primero
federal. El objetivo era poder encontrarnos más asiduamente, sin tener que
esperar un mes al taller virtual. Además, al no ser más de 15 personas, la
compartida era más fluida y se hacía más fácil estrechar los vínculos y crecer
en familiaridad. Éramos de Córdoba, Entre Ríos, Tucumán, San Juan, Salta, Santa
Cruz, Mendoza, Buenos Aires y Santa Fe. Con el tiempo algunos dejaron el grupo
y otros nuevos se incorporaron. Entre los que se sumaron estaba Ivana, la
tercera santafesina, después de Ramiro y de mí.
Antes de
remarcar la razón que nos moviliza a prolongar Centu aquí, en Santa Fe, haré
una breve mención a cómo fue echando raíces de a poco en el Litoral. Como
mencioné antes, éramos tres santafesinos en el primer grupo de vida federal.
Nos tocó empezar a estrecharnos como grupo en una época especial, en medio de
la pandemia por Covid-19, saliendo gradualmente del aislamiento pleno. Algunas
actividades se retomaron, otras no. Cuando empezamos a acostumbrarnos a la
“nueva normalidad”, con un poco más de libertades, hubo nuevos picos del virus,
por lo que el 2021 se vio marcado por los avances y retrocesos de muchas
actividades. Ese año pudimos encontrarnos por primera y única vez con Ivana y
Ramiro. Ella venía de un período muy difícil de enfermedad, recuperándose de a
poco. Conoció Centu y, en diálogo con Marilú, religiosa bonaerense
perteneciente a la congregación Misioneras Diocesanas, que formaba parte de
nuestro grupo de vida, decidió también integrarse al grupo. Creo que no me
equivoco al afirmar que compartir con nosotros le hizo mucho bien. Además,
participaba de Centurionas, grupo de Centu exclusivo para mujeres. Y, quizás,
lo que mayor paz le alcanzó fue el vínculo con Marilú, en quien encontró una
Iglesia distinta a la que estaba acostumbrada. Ivana, de profunda fe, había
sufrido mucho el no poder expresar con total libertad su orientación sexual. Y
parte de su conflicto era a causa de la tensión que existía entre esa dimensión
de su vida y su espiritualidad. A fines de 2021, cuando con el grupo de vida
federal tuvimos nuestra primera convivencia en Ascochinga, ella había
desmejorado en su salud y no pudo asistir. En agosto la habían operado de nuevo
y, lamentablemente, no se pudo recuperar luego de eso. Falleció, finalmente, el
21 de enero de 2022.
Tuvo que llegar
un mendocino, Joaquín, para que decidiéramos poner en marcha Centu en Santa Fe.
Comenzamos con una “tarde de mates” en noviembre del 2023. Este año, en abril,
los chicos de Paraná realizaron su primer taller abierto, por lo que allá
fuimos varios de Santa Fe. El resto del 2024, hasta llegar a noviembre,
seguimos reuniéndonos en formato tarde de mates en el Centro de Espiritualidad
Santa María, al sur de la ciudad. De a poquito se fueron sumando nuevas
personas, las suficientes como para conformar un grupo de vida. Como algunos de
sus miembros son de Rafaela y de Paraná, nuestros encuentros han alternado
entre la presencialidad y la virtualidad, para que la distancia no sea un
impedimento. Así, llegamos a noviembre, y con noviembre el taller.
Vuelvo, ahora
sí, a lo mencionado al principio del texto. Luego de que Joaquín terminara de
explicar qué era Centu y de dónde nos viene el nombre, yo tomé la pregunta y la
respondí desde Ivana. Desde ella, desde su historia, desde su sufrimiento. Y
quiero hacer hincapié en esto, ya que es la causa última de nuestra existencia
como comunidad: poder brindar un espacio para todas aquellas personas que por
distintos motivos han experimentado tensión entre su orientación sexual o
identidad de género y su espiritualidad. Muchos lo hemos padecido y muchos
otros lo siguen padeciendo. Ivana es parte de nuestra historia y se convierte
en símbolo, en bandera. Porque es tan descabellado como indignante saber que,
finalizando el año 2024, siga habiendo personas que tienen que reprimirse por
el qué dirán o porque los van a discriminar, tanto sus familias como sus
instituciones. Y acá entran no solo la Iglesia, sino muchos otros ámbitos como
el trabajo, el club, los amigos, etc. Así, saber que existen otras Ivanas en
Santa Fe que están sufriendo en soledad, hace que nos pongamos en marcha y sentemos
las bases para construir el puente que Centu quiere ser.
Cuando, en el
taller, expresé todo esto oralmente, me pareció que la frase “no había lugar
para ellos” graficaba bien la experiencia de las semanas anteriores a ese día,
ya que nos costó bastante encontrar un lugar donde se nos permitiera realizar
este evento. Nos vi como José y María casi por dar a luz, buscando lugar donde
hospedarse en Belén. Pero no había lugar para ellos en el albergue. Ahora,
repasando lo rumiado y escrito, prefiero jugar la carta para explicar la misión
de nuestra comunidad desde el Evangelio. Es que, en definitiva, Centu quiere
ser ese espacio disponible para recibir a todos aquellos que no encuentran un
lugar donde decir soy LGBTQ+ y creo en Dios, y no quiero seguir reprimiéndome.
Lautaro Nicolás Valli

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