…si
un baobab no se arranca a tiempo, ya no es posible desembarazarse de él. Invade
todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado
pequeño y si los baobabs son demasiado numerosos, lo hacen estallar.
“Es
cuestión de disciplina –me decía más tarde el Principito-. Cuando uno termina
de arreglarse por la mañana, debe hacer cuidadosamente la limpieza del planeta.
Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los
distingue entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes.
Es un trabajo muy aburrido, pero muy fácil”.
El Principito
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY
Cuidamos la
ropa, cuidamos la casa, cuidamos el auto, cuidamos el celular y los
electrodomésticos… Cuidamos la plata y la multiplicamos para viajar y para
poder seguir cuidando todo lo otro. También para que crezcan nuestras arcas -y
yo aquí sin entender para qué un hombre puede querer tanto-…
Pero no
cuidamos con tanto esmero el corazón: somos envidiosos, violentos, chantas,
tramposos, rivalistas, rencorosos… Y no nos molesta, lo sostenemos. ¡Y hasta
cuidamos de tener un buen porcentaje en sangre de esos bichos! Entonces,
estamos llenos de cosas, pero difícilmente somos felices. Nuestros corazones no
hallan paz ni tranquilidad en ningún momento, porque siempre hay un granero más
que llenar, un modelo nuevo de celular que poseer, o un kilo más de ropa que
acumular… Pero, ¿para qué?
Llegado a este
punto, me gusta pensar en cómo el Principito sacaba baobabs de su planeta,
porque si los dejaba crecer le tapaban su pequeño mundo. Eso es cuidar el
corazón. Estar atentos a que las malas hierbas no copen el lugar. Y si bien es
cierto que siempre puede haber un auxilio extraordinario que nos ayude a
extirpar baobabs que se han pasado del tamaño tolerable, ¡cuánto mejor es ir
trabajando día a día por dejar que no crezcan, e ir sacándolos cuando son
apenas brotes!
También es
cierto que, para cuidar el corazón, no basta con quitar las malezas. Me animo a
decir que lo fundamental es ir sembrando buenezas: lechugas, calabazas,
tomates, maíces, orégano, perejil, caléndulas, conejitos, petunias, malvones…
Lautaro Nicolás Valli

Me encanta "El principito" lo leí varias veces y aún sigo descubriendo enseñanzas que en lecturas anteriores no entendía.
ResponderEliminarTal vez por eso reflexionó en voz alta que a veces no se trata se sacar los baobabs sino que lo más difícil es reconocer y asumir cuáles son los que hay que sacar porque muchas veces están disfrazados y nos convencemos de que no son perjudiciales hasta que nos tapan nuestro pequeño mundo.