El fin de
semana largo de agosto viajé a Los Algarrobos, la Casa de descanso que el
Seminario de Santa Fe tiene en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba. Es un lugar
muy importante para mí, en el que pasé gran parte de mis veranos mientras fui
seminarista. Luego de que salí del Seminario en el 2019 solo volví una vez,
hace exactamente dos años, con Gabriel, también exseminarista. Habíamos viajado
de puro gusto, poniendo un poco como excusa la entrevista que le teníamos que
hacer a Raúl, el casero, ya que nos encontrábamos trabajando en la reedición de
Cantos Rodados, el libro en que el padre Elvio Alberga narró la historia de la
tan querida Casa. Esta vez fuimos invitados por Nicolás, con quien también
compartimos Seminario, que viajaba con miembros de las comunidades parroquiales
de Felicia y Sarmiento.
Decidí
compartir sin tanta solemnidad un fragmento de mis anotaciones mientras estuve
allá. Quien las lea siéntase querido por mí, e imagínenos tomando mates
mientras le abro mi corazón y comparto una porción importante de mi vida.
…
Primero cuento
que partimos alrededor de las 7 de la mañana de Felicia. Viajamos con el Gabi y
el Nico en el auto de Rubén y Alicia. Hermoso el paisaje, especialmente el
llano santafesino, tan verde. Hicimos un par de paradas técnicas hasta que por
fin llegamos al “Nido de solaz”, cerca de las 14 horas. El almuerzo fue a la
canasta. Nos encontramos con Raúl, que no tardó en advertir a los chicos que a
la pelota se juega en el parque, no adentro ni en la galería. También nos encontramos
con el padre Alexis, que estaba con gente de su comunidad.
Muchas cosas
me emocionaron, desde volver a ver el Sinaí o la Cueva de los Leones -antes
incluso de entrar en terreno algarrobeño-, pasando por poner pie en la Casa o
ver la biografía del Elvio en un mueble del comedor grande. Después de la
siesta preparé el mate y me fui al “Desorden encantador”, donde me quedé un
rato en silencio, contemplando. Ahí me fueron cayendo algunas fichas, una
primordial: pienso en el Seminario y lo siento como una etapa feliz, cargada de
sentido. Recuerdo muchos momentos alegres y divertidos. Por gracia, los
recuerdos tristes o lastimosos no tienen lugar en mi memoria. Y, si lo tienen,
no están ahí de modo que sigan inquietando. Lo que me queda al repasar varios
de esos acontecimientos que hicieron que mis días sean plenos, es que no me los
propuse, sino que todo lo que fue sucediendo, simplemente fue sucediendo. Es
cierto, yo tenía objetivos claros. Pero en el camino por lograr esa meta fueron
pasando el resto de las cosas…
Pensar en esto
me ayuda a bajar un cambio y entender que las cosas no funcionan porque yo me
proponga manipularlas y estén a mi servicio. Las cosas que han cargado de
sentido mis días -al menos en líneas generales- simplemente fueron sucediendo.
A veces olvido que mi etapa como seminarista fue muy intensa y duró muchos
años. Cinco años en una vida de veinticinco, son muchos… Cinco años de vivir en
un mismo lugar, con las mismas personas, haciendo casi siempre las mismas
cosas… Es imposible que los lugares y las personas con quienes compartí ese
tiempo no sean lo significativas que son hoy para mí.
La vez anterior que vine a la Casa, recé con el texto del sueño de Jacob. Recuerdo aquello de “si permites que vuelva, tú serás mi Dios”. Bueno, entonces nos hallábamos a pocos meses de haber iniciado el proyecto de Cantos Rodados. No solo que volví, sino que lo hice con un fruto de ese trabajo en mi mochila. Una prueba más de que tiene sentido darle cabida a nuestras pasiones y confiar en la Providencia.
Volver acá, donde “Dios es obvio”, es un hermoso regalo, muy oportuno en este momento de mi vida. Todo lo que fui mencionando no hace más que estimular mi deseo y convicción de autenticidad. La vida es muy corta, vale la pena entregarnos a aquello que nos mueve profundamente. Creo en Dios Creador, creo que me dio y da todo lo que necesito. Creo en mis límites y también en mis capacidades. Doy gracias por todo esto.
Lautaro Nicolás Valli

Es materia pendiente para mí conocer algún día ese lugar, que según me han comentado varios allegados es mágico, por la paz que se percibe, por el bello paisaje, por la calidez de las personas que tienen a su cargo brindarnos la bienvenida. Pero más que nada sentir la cercanía con nuestro amado Creador. Gracias Lauti
ResponderEliminarporque a través de tu descripción tengo un motivo más para que visitar ese lugar sea una pronta realidad.