A Ana María
“-Admiro al Gandhi (…) Creo que
el Gandhi deberían dárselo en el colegio a los chicos. Esa especie de viejo
flaquito con una chiva que la ordeñaba de cuando en cuando para no morirse de
hambre, ¡cambió el rumbo de un imperio! Les dijo: ¡Fuera de la India!”
China Zorrilla[1]
El pasado
lunes 30 de enero se cumplieron 75 años del asesinato –martirio, ¿por qué no?-
de Mahatma Gandhi. Saberlo confirmó una moción que venía teniendo, por eso no
pude no ponerme a escribir.
Estábamos
cursando 4to año de la escuela secundaria en mi amada Lucía Aráoz, la
agrotécnica de Gallardo, y teníamos la materia Economía. Además de lo
específicamente concerniente a la asignatura, la profesora nos repetía una y
otra vez: “no se puede pasar por la
secundaria sin saber quién es Gandhi”. Así que dedicó más de una clase a
que viéramos juntos la película de su vida, ya que el film es tan largo como viejo.
Supongo que para aquel grupo de adolescentes que éramos supuso un fastidio.
Pero estábamos acostumbrados a las estadías en la sala de video con esta
profesora, principalmente para aprender sobre contaminación ambiental, cambio
climático y empresas multinacionales. Recuerdo que una vez nos llevó torta para
compartir. Con todo, sé que mi vida no siguió igual después de conocer a
Gandhi, por lo que estaré eternamente agradecido con mi profesora.
Ahora, ¿qué me
pone a escribir? ¿Solo evocar un recuerdo? No… El inicio de estas líneas son el
agradecimiento debido, pero hay algo más que me motiva. Este “viejo flaquito”
es muy inspirador para mí y, si bien lo tengo siempre presente, más aún cuando
me dicen que vamos de mal en peor, y que nada se puede hacer para cambiar, que
mi “granito de arena” no influye en nada. Pues aquí dejo unos datos curiosos
que pueden ayudar a entender de dónde bebo para nutrir mi punto de vista.
Mohandas
Karamchand Gandhi nació en 1869 en Porbandar, cuando todavía la India estaba
bajo el dominio británico. Estudió abogacía en Inglaterra y luego regresó a su
país. Viajó a Sudáfrica, donde trabajó como asesor legal. Allí vivió en carne
propia la discriminación que sufrían todos los que no pertenecieran a “los blancos”,
entre ellos los indios. Cuando concluyó con su trabajo, regresó a la India y,
progresivamente, fue empapándose de todo lo relacionado con la explotación
histórica que sufría su país por parte del Imperio, y proyectando sus ideales a
fin de colaborar en la resistencia. Fue líder del movimiento emancipatorio, con
varias premisas rectoras, de las cuales me gustaría destacar dos: la
desobediencia civil y la no-violencia.
Gandhi
había leído al estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862), de quien tomó la
noción de “desobediencia civil”. Según esta idea, el ciudadano debería
desobedecer al gobierno si este es injusto. Por ser consecuente con ella,
Thoreau se opuso a pagar impuestos como protesta a la guerra de su país contra
México y por el hecho de que en su tierra se siguiera aprobando la esclavitud.
Tales acciones le granjearon una estadía en la cárcel, donde escribió su obra
“Desobediencia civil”, capital en la vida de Gandhi. Pero a esa desobediencia
el “Mahatma” –título que significa “alma grande” y le había sido otorgado por
el escritor indio Rabindranath Tagore- la ponía en práctica por medio de la no-violencia.
Thoureau era pacifista, pero justificaba excepcionalmente la violencia. Gandhi
no. Precisamente este es uno de los factores que postuló y postula al Mahatma
como siempre nuevo y distinto, en un mundo donde pareciera que la fuerza bruta
sigue reinando como instrumento de dominación.
El
Gandhi sabía que Inglaterra no solo dominaba política, sino también
económicamente a la India. Tenían el monopolio de la industria textil: Gandhi
movilizó a su pueblo y masivamente renunciaron a las telas británicas,
arrojándolas al mar. Se retomó la rueca y la fabricación del hilo propio. Se
llama boicot, y también lo sufrieron los supermercados, ya que los seguidores
del Mahatma empezaron a generar sus propios alimentos, cultivando la huerta y
ordeñando el ganado. Sus reclamos fueron respaldados muchas veces por grandes
movilizaciones y huelgas de hambre y sus diversas campañas colaboraron con la
emancipación definitiva de la India, que ocurrió en 1947, el año anterior a su
muerte.
Lo
enumerado, que es solo un acercamiento a grandes rasgos de la vida de Gandhi, me
hace pensar en la fuerza del testimonio: cuánto bien podemos generar, cuán
positivamente podemos influir sobre los demás. Pero también lo diametralmente
opuesto. Debo admitir que en muchas ocasiones sueño y vuelo anhelando interpelar
a tantos como el Gandhi. Evidentemente mi resistencia no es a un poder como el
que significaba Inglaterra para la India. Mis imperios son otros. En una época
fueron las multinacionales, hoy sigue siendo la cuestión ambiental, con
subcuestiones como la importancia de la separación de residuos, el reciclaje,
la disminución de la contaminación y el no comer carne de vaca -porque parece
que gracias a la ganadería se están terminando de talar los últimos pulmones
verdes-. También tengo otras obsesiones que me desvelan y ensanchan el alma
sabiendo que llevándolas adelante, de alguna manera, me pueden hacer bien a mí
y al resto.
Es
cierto, Gandhi hubo uno solo. Pero también hubo un solo San Martín, un solo
Mandela, un solo Luther King, un solo Jesús… Andá a decirles a esos que lo que
ellos podían hacer personalmente no tenía ni peso ni sentido, que las
responsabilidades más importantes para que la situación cambiara era de otros.
En simultáneo, comparto con JLMD que la redención del mundo se hace empezando
por el propio corazón y, si se puede, por dos o tres corazones vecinos, que
ser hombre es una gran paciencia; mejorar
el mundo, una larga tozudez; la esperanza, no una bandera que se enarbola, sino
una planta que se cuida. ¿Será que, como en todo lo importante de la vida,
habrá que encontrar un equilibrio sin caer totalmente en la mediocridad?
Lautaro Nicolás Valli
(foto: Arte en lana cruda)

Hermoso tu escritorio?!
ResponderEliminarMe gusto! Ghandi! Excelente punto de partida en tu texto...Creo que alienta la esperanza de que un mundo mejor es posible, desde nuestro lugar, pequeños gestos se van sumando.
ResponderEliminarRealmente la sumatoria de buenas voluntades pueden cambiar el rumbo de algunas cosas aunque parezcan imposibles. Lo importante es no dejar que muera esa esperanza y regarla día a día con pequeñas buenas acciones. Hermoso personaje de la historia elegiste Lauti para reflexionar.
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