“Al cumplir años, y en este caso 90, es como rezar completas al final
del día. Te obliga a un corto pero serio examen de conciencia. Al tener
contacto con la vida de aquellos que la vivieron con total entrega, hombres o
mujeres, de ayer y de hoy, uno se ve largado a dar gracias y a pedir perdón.
Dar gracias es siempre la primera y la última oración: abre y cierra el
camino.”[1]
Elvio Alberga
Se me vienen
estas palabras de Elvio a la cabeza, ahora que el año va declinando. No puedo
no hacer un repaso. Además, no puedo no pensar en tantos perdones que pedir y
en tantos gracias que decir.
El año pasado
hice una publicación parecida. El lector que me acompaña desde entonces pensará
que la foto es la misma. O más bien, que es una foto distinta de la misma
escena. Pues no… Recuerdo para el olvidadizo, y cuento para el nuevo. Los
últimos días del 2021 me encontré con que en una grieta del cemento, junto a la
puerta del galpón del patio de mi casa, había crecido una planta de zinnia.
Solita, sin que nadie la haya plantado. Me admiró su hermosura, y el mensaje
que me gritó fue que no siempre tiene que estar todo acomodado para poder
germinar, y que incluso podemos crecer en lugares y condiciones que hubiésemos
considerado adversas. Que la vida es poderosa y se nos escapa de las manos.
Titulé mi acción de gracias “Crecer donde se nos permita”, y era el deseo para
el 2022 que todavía no había llegado.
Ahora, a un
año ya de eso, vuelve a sorprenderme un escenario parecido. La zinnia del año
pasado murió, como era de esperar de una planta de estación. En su lugar, con
el correr de los meses, volvió a germinar una nueva zinnia. Descubrirla
sorpresivamente fue hermoso. De alguna manera, el mensaje de hace un año fue
profético. Pero su fuerza no residía en mi palabra, sino en la misma dinámica
de la naturaleza, Maestra, que nos enseña minuto a minuto del fluir de la vida.
Así, me siento llamado intensamente a recorrer mi año y descubrir todos esos
pequeños rincones donde pude volver a germinar, o seguir haciendo crecer lo que
ya venía andando. No creo estar errado al afirmar que en todas nuestras vidas
hay de esos rincones, esas pequeñas zonas luminosas que hacen que este año
haya, más que “valido la pena” -¡horror!-, valido el esfuerzo, la donación, el
paso a paso…
Siempre es
bueno precisar que no dejo de ver lo doloroso. También en un año cargado de
vida hay muertes. Pongo un solo ejemplo, que puede servir para el resto de los
dolores y las muertes. Este año falleció mi tía Azu, allá por marzo. ¿Acaso su
enfermedad de años, agonía y muerte pueden opacar el enorme gozo de sus
momentos de lucidez -en que lograba convertirse en el alma de la fiesta-, su
amor incondicional para con nosotros, su tesón para ayudar a los más
desfavorecidos? Cada cual podrá decidir. Yo elijo quedarme con todo lo bueno,
con todo lo que hizo que su vida haya valido, y mucho. Así, doy gracias por la
vida de mi tía, que me amó y a quien amé. A quien sigo amando y teniendo
presente. Mi tía es el claro ejemplo de que se puede germinar en la grieta, que
no hace falta que esté todo acomodado para seguir peleándola, volviendo a
intentar infinitas veces…
Repasando mi
año, agradezco a Dios y a tantos –como dijo Elvio- hombres y mujeres que viven
con total entrega. Conocí a muchas personas nuevas, en algunos nuevos comienzos
a los que me animé. Otras ya son históricas en mi vida y con ellas seguimos
echando raíces. Las palabras “familia”, “amor”, “amistad”, “trabajo”,
“estudio”, “Dios”, “Iglesia”, “escuela” son flechas que me llevan a rostros e
historias concretas. Gracias a todos los que –saben- son señalados por ellas, y
hacen de levadura en la masa de mi vida.
Por último, me
faltó contar que la zinnia de este año redobló en tamaño a la del año pasado.
¿Será una nueva profecía? Yo creo que sí. Reitero mi convicción de que cada año
se supera en regalos de la vida. Por todo esto, deseo un 2023 lleno de
sembradores que se animan a sembrar, y de corazones que se dejan roturar para
que crezca lo sembrado. Un 2023 feliz, una vida feliz, para vos y para mí.
[1]
EQUIPO FRAY MARTÍN DE PORRES. Padre Elvio
Alberga, nuestro Brochero en bicicleta. Página 106. Santa Fe. 2020.

👏❤
ResponderEliminarInspirador, Lautaro.
ResponderEliminarPara los no iniciados en la acuariofilia, explicaré que en un acuario solo se pueden introducir materiales específicos (cuarzo, pizarra, cristal y ciertas resinas), o los peces mueren. Después de conseguir a María, José y el niño en cristal, un ángel y la estrella en cuarzo, y un fondo de resina, conseguí la excentricidad de montar un Belén un poco bizarro dentro de mi acuario. A falta de planta, está nochebuena la vida se empecinó en ignorar mis excentricidades, y me ha nacido una "camada" de pececitos. La vida se empecina siempre, como Lautaro sabe. Abrazos
Hermosas palabras
ResponderEliminarBellas palabras,Lauti!
ResponderEliminarGracias Lautaro!!! Agua fresca para los sedientos tus escritos!!!
ResponderEliminarEncienden lucecitas!😜🤗🥰🙏
ResponderEliminarQue hermoso Ser sos Lauti! En tus escritos puede reflejarse tu interior y tu sabiduría Gracias por compartir tus pensamientos.
ResponderEliminarÉpoca de mirar hacia atrás todo lo vivido, y es más lo que hay que agradecer que lo que hay que lamentar, porque vivir con la alegría que nos da la fe, es olvidarnos rápidamente de todo aquello que no vale la pena ser recordado, lo que no suma, lo que nos empobrece. Por eso brindo por la vida y por todas las bendiciones recibidas este año. Felicidades para todos y especialmente para vos y tu familia Lauti, y que el próximo año nos sorprenda compartiendo lindos momentos como los de este año. Salud querido amigo ‼️
ResponderEliminarHermoso Lauti Felicidades para el nuevo año que se inicia
ResponderEliminarMe encantó, Lauti.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Aldana, compañera del Casta.
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ResponderEliminarDato de color: dicen por ahí que la Zinnia fue la primera en plantarse en la estación espacial internacional. Tiene la capacidad de crecer en lugares adversos, pero también, en lugares inimaginables para nuestra mente. Espero que se abran muchos más espacios increíbles para este 2023.
ResponderEliminarSí una planta puede crecer en una grieta, ¿no podrá nacer una brizna de esperanza en un corazón amargado? Dios nos reparta briznas, yerbas, flores, selvas... en este 2023, y nos enseñe a cultivarlas
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