Hurgando en mis archivos, preparando otros textos, encontré estas líneas que escribí en junio del 2021 y nunca publiqué. Creo, incluso, que tampoco se las había mostrado a nadie. Brotaron cuando se estaba por cumplir el primer año de haber conocido la Comunidad Centu, a la cual amo y sin la cual no entiendo mis últimos (casi) cinco años.
Hoy decido compartir este testimonio porque me parece bastante ordenado y fiel. Además, me sirve para valorar cada paso dado. Así, me animo a parafrasear la cita de JLMD que elegí para encabezar esas líneas y expreso: ¡Qué hermoso haber elegido la labor de construir puentes! De animarme a hacerlo con mi vida, a dejarme acompañar, y hoy estar prolongándolo en mi ciudad de Santa Fe, tan necesario es...
...
Es un título (el de constructores de puentes) que me entusiasma porque no hay tarea más hermosa que dedicarse a tender puentes hacia los hombres y hacia las cosas. Sobre todo en un tiempo en el que tanto abundan los constructores de barreras. En un mundo de zanjas, ¿qué mejor que entregarse a la tarea de superarlas?
Razones para la alegría
JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO
Aún recuerdo el momento en que entré a aquel primitivo encuentro de Zoom, el sábado 27 de junio de 2020. Éramos muchos, pasando los 60. La mayoría varones, las menos mujeres, abundaban los jóvenes, y había algunos más grandes. Pero no quiero avanzar en estas líneas sin expresar la sensación inicial: por un lado, desconcierto, por otro lado, alivio inmenso - como nunca -, ya que a nadie debía contarle explícitamente que yo era homosexual, se suponía… Fue la primera vez en mi vida en que experimenté esto. Y si bien la orientación sexual no es la totalidad de nuestra persona, es parte importante, y cuando eso está reprimido, y por lo tanto, no se habla ni se vive con fluidez, hace mucho daño, nos quita autenticidad y poco a poco nos va atrofiando, como con cualquier dimensión de nuestras vidas que no podamos, por algún motivo, vivir sueltamente. Para entonces yo no hablaba tanto de mi orientación, un poco por prejuicios, otro poco por miedo quizás. Era solo un grupo reducido el que lo sabía.
Conocí El Centurión - al que coloquialmente llamamos Centu - porque mi amigo Alfredo me lo compartió… Digamos que él fue mi primer Centurión, el primer hacedor de un puente que ayudaría en este camino de liberación. Lo que junto a mi amigo nos sorprendía y llamaba la atención era la intención que este grupo tenía de recibir y acompañar a las personas que pertenecen a la diversidad sexual - gays, lesbianas, bisexuales, trans… - y quieren vivir su fe, pero esto es un recurrente conflicto. Y nosotros, que somos herederos de una enseñanza sexual bastante represora, fuimos unos de los primeros en anotarnos. Desde ese junio no nos hemos apartado de Centu. Ahora dejo de hablar en segunda persona del plural, y paso a la primera del singular.
En Centu no se da cátedra, se intenta disponer todo para que podamos encontrarnos, con el resto y con nosotros mismos, o mejor, en los otros, con nosotros mismos. Algunos tienen mucha claridad con respecto a su orientación sexual, otros no tanto. Algunos lo manifiestan públicamente, otros no… Pero tenemos en común que en este espacio, encontramos con quiénes compartirnos, y esto nos ayuda enormemente. Nadie le va a solucionar la vida a nadie, pero podemos ser buenos compañeros de camino. Porque es en el camino en que vamos, de a poco, creciendo en claridad, sobre la realidad de la que formamos parte…
Mis primeras conversaciones con amigos que conocían, aparentemente, el “ambiente homosexual”, eran desoladoras, porque me decían que no iba a encontrar a otros que, como a mí, les interesara la vivencia de la espiritualidad, y menos, ¡que compartan la misma fe! Y si bien Centu no es un grupo de Iglesia, tiene por objetivo ser ese puente que la une con aquellos que por cuestiones de orientación sexual, supuestamente se encuentran lejos. Entonces conocí a muchas personas con caminos parecidos al mío, y volvió a aparecer el alivio: no estaba tan solo.
Ha pasado un año, y cada encuentro - a veces mensual, a veces quincenal - es un nuevo oasis, por lo que me genera personalmente, y por cómo son tantos los que siguen acercándose y les hace tanto bien. Entonces, para culminar, expreso los dos objetivos iniciales que me hicieron redactar estas líneas:
Primero, para agradecer: GRACIAS a los pioneros que dieron inicio a Centu, a los que han venido trabajando y lo siguen haciendo. Crecemos en humanidad juntos. Gracias!
Y segundo: Siento profundamente que este espacio es un regalo del cielo, y debemos aventurarnos siendo parte. ¿Conocés a alguien que se encuentre como yo hace un año? ¿Quizás vos que me estás leyendo? Acercate, que, delicadamente, intentaremos caminar juntos, sin imposiciones, haciendo lo posible para recibirte del mejor modo, no desde púlpitos, sino desde el mismo llano por el que vas vos.
Y si bien Centu es más que ayudar a los que sienten tensión entre la dimensión espiritual de sus vidas y la orientación sexual, esto es por lo que yo me arrimé, fui cautivado, y me quedé, para sumarme a la vocación grande que tiene este grupo: la de ser Puente. Puente entre instituciones, entre grupos, entre personas, y – lo más importante - entre las partes tan agrietadas de nuestras propias vidas, que parecen irreconciliables.
Me animo a decir que, cuando damos el primer paso, los fantasmas van perdiendo fuerza, y experimentamos que, de a poquito, podemos vivir reconciliados.
Lautaro Nicolás Valli
