miércoles, 18 de octubre de 2023

Cuidar el corazón

 



…si un baobab no se arranca a tiempo, ya no es posible desembarazarse de él. Invade todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y si los baobabs son demasiado numerosos, lo hacen estallar.

“Es cuestión de disciplina –me decía más tarde el Principito-. Cuando uno termina de arreglarse por la mañana, debe hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy aburrido, pero muy fácil”.

 

El Principito

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

 

Cuidamos la ropa, cuidamos la casa, cuidamos el auto, cuidamos el celular y los electrodomésticos… Cuidamos la plata y la multiplicamos para viajar y para poder seguir cuidando todo lo otro. También para que crezcan nuestras arcas -y yo aquí sin entender para qué un hombre puede querer tanto-…

Pero no cuidamos con tanto esmero el corazón: somos envidiosos, violentos, chantas, tramposos, rivalistas, rencorosos… Y no nos molesta, lo sostenemos. ¡Y hasta cuidamos de tener un buen porcentaje en sangre de esos bichos! Entonces, estamos llenos de cosas, pero difícilmente somos felices. Nuestros corazones no hallan paz ni tranquilidad en ningún momento, porque siempre hay un granero más que llenar, un modelo nuevo de celular que poseer, o un kilo más de ropa que acumular… Pero, ¿para qué?

Llegado a este punto, me gusta pensar en cómo el Principito sacaba baobabs de su planeta, porque si los dejaba crecer le tapaban su pequeño mundo. Eso es cuidar el corazón. Estar atentos a que las malas hierbas no copen el lugar. Y si bien es cierto que siempre puede haber un auxilio extraordinario que nos ayude a extirpar baobabs que se han pasado del tamaño tolerable, ¡cuánto mejor es ir trabajando día a día por dejar que no crezcan, e ir sacándolos cuando son apenas brotes!

También es cierto que, para cuidar el corazón, no basta con quitar las malezas. Me animo a decir que lo fundamental es ir sembrando buenezas: lechugas, calabazas, tomates, maíces, orégano, perejil, caléndulas, conejitos, petunias, malvones…




Lautaro Nicolás Valli