A Ramiro le
interpela mi sensibilidad. Me lo dijo ya varias veces. Pero no sensibilidad de
llegar fácil al borde de las lágrimas, sino de poder sentir y ver muy agudo,
y así valorar sucesos que quizás otros pasan por alto o en los cuales no se
detienen demasiado. Surgió el tema luego de que yo haya dicho que me conmovía
la generosidad de Isabel, quien nos recibió en su casa por segunda vez para
realizar nuestra convivencia de Centu Federal 1. Como posiblemente algún lector
no sepa de qué se trata el grupo del que hablo, a él –o ellos- el siguiente
excursus.
El Grupo
Centurión, al que cariñosamente llamamos “Centu”, surgió hace unos 4 años, con
la misión de brindar un espacio seguro a aquellas personas que, por distintos
motivos, no podían vivir abiertamente su orientación sexual o identidad de
género. Uno de los pilares primitivos fue el de ser puente. Puente entre la
“diversidad sexual” y la Iglesia Católica, pero también entre la sexualidad y
la espiritualidad como dimensiones que a muchos les costaba reconciliar en sus
vidas. Oriundo de Buenos Aires, el grupo expandió sus fronteras gracias a la virtualidad
forzada del 2020. Entonces muchos empezamos a sumarnos en sus variadas ofertas.
Algunos nos enamoramos tanto que fuimos invitados a formar grupos de vida,
pequeñas sub-comunidades dentro de la gran comunidad, para frecuentarnos más y
así acompañarnos mejor. A fines de ese año marcado por la Pandemia nació el
Centu Federal 1, con integrantes de múltiples puntos cardinales: Salta,
Mendoza, San Juan, Tucumán, Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos –viviendo en
Francia- y Santa Fe, cuna de quien subscribe. El que empezó siendo un grupo
centrado en el vínculo sexualidad-espiritualidad, terminó convirtiéndose en una
comunidad en que compartimos la vida toda. De a poco fuimos superando las
barreras interprovinciales y conociéndonos en persona. Algunos tomaron
distancia, otros volvieron. En diciembre de 2021 tuvimos nuestra primera
convivencia y, luego de un año largo de seguir andando juntos, con los avatares
propios de la vida, volvimos a encontrarnos el fin de semana largo de marzo.
Sábato decía
que las personas buscamos lo que nos falta. Así explicaba su pasión adolescente
por las matemáticas, ya que le aportaban el orden y la prolijidad de las que
tanto carecía en esa etapa de su vida. Coincido ampliamente con el autor de La
Resistencia, e intuyo que admiro la generosidad y la reverencio cuando la veo
en alguien porque, precisamente, es algo que me falta. No en vano me pongo a
escribir sobre esto luego de los días compartidos con mi grupo de Centu, ya que
hubo y hay gestos que me conmueven.
En primer
lugar, vuelvo a hacer mención de la generosidad de Isabel y su familia. Saber
que somos personas queridas por Hugo, nuestro cura amigo, les basta para, sin
conocernos y con los ojos cerrados, abrirnos las puertas de su casa por segunda
vez. La primera fue para nuestra convivencia anterior, en 2021. La casa está en
un lugar privilegiado –el casco de la estancia que fue de Julio Argentino Roca-
de las sierras cordobesas, y al gesto de confiarnos un techo donde reunirnos,
se le suma el de esperarnos con una bandeja de comida caliente para almorzar. ¿Cómo
no conmoverme?
Por otro lado,
y pasando a los miembros del grupo, debo mencionar el caso de Miguel, que es
excepcional. No se va a alegrar de que ventile esto, pero, en la convivencia
anterior no nos dejó que paguemos nada de lo que consumimos, lo que causó el
enojo y reto de Cristian -con razón-. Esta vez, de pura alegría por que podamos
compartir el primer taller de Centu Córdoba, nos regaló la estadía en pleno
centro cordobés. Pero la generosidad en Miguel no se manifiesta solo en lo
monetario, sino en el tiempo que nos dedica: es confidente de la mayoría, sabe
respetar y cuidar. Cualquiera podría esgrimir el argumento de que porque Isabel
y Miguel tienen un buen pasar económico –por decirlo de una manera elegante- no
les cuesta compartirnos de sus bienes. Yo me animo a decir que eso es falso, ya
que las personas pueden tener mucho, pero no soltar, sino acumular y preferir
que se les pudra a que otros puedan disfrutar junto a ellos. Así que este es
otro caso que me conmueve profundamente.
Siguiendo con
los ejemplos de tiempo brindado, puedo continuar con Hugo. Con un apostolado
bastante cargado, nos eligió y elige cotidianamente. Hizo de su acompañamiento
a nuestros grupos una opción en esta etapa de su vida. Su paciencia es enorme,
y siempre está cuando lo buscamos. No se escandaliza por nada, y eso que entre
nosotros tiene bastantes motivos.
Otro que nos
dedicó y dedica tiempo con generosidad es quien hemos coronado nuevamente con
el título de referente: Roberto. Debo admitir que hubo, en un primer tiempo,
una especie de envidia en mí, al ver cómo él tomaba con tanta alegría y
disponibilidad el trabajo de coordinar nuestro grupo federal, luego de que
decidí dejar de realizarlo yo, al considerar que no podía hacerlo como
correspondía.
Y podría
seguir, uno por uno con el resto, enumerando las pequeñas y grandes
generosidades de cada uno. Porque nadie es tan generoso que no pueda guardarse
algo, ni tan tacaño que no pueda hacer su donación. Ni siquiera yo, que me
considero bastante avaro en general.
Gracias a
Centu, de quien tanto he recibido y recibo. Gracias a Isabel y su familia.
Gracias a Hugo. Gracias a Migue, a Cristian, a Eze, a Mili, a Fran, a Robert, a
Fer, a Santi, al Alfred, a Rami y a Ivana –que nos acompaña desde el Cielo e
ilumina-. Gracias a Marilú y a los que pasaron un poco más fugazmente entre
nosotros. Gracias a todos los generosos con quienes comparto la vida. A los de
ayer y a los de hoy, a los conscientes y a los inconscientes. Gracias.
Y culmino
dejando en claro mi conciencia de que no todo es perfecto en este grupo al que
hoy destaco. No… No todo es color de rosas. Pero quiero resaltar esta virtud,
porque estoy cansado de que solo sean virales las miserias de los hombres, y
nadie cuente las historias de los que cada día dan en abundancia sin esperar
nada a cambio.
Lautaro Nicolás Valli
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