miércoles, 29 de diciembre de 2021

Crecer donde se nos permita


Van cayendo las últimas hojas del almanaque y urge una simple aunque sincera acción de gracias. Esta vez no será nombrando uno por uno los motivos, sino dejando la clave que me sirve para valorar los días pasados y proyectar los que vienen.

Puedo ver cuánto bien he recibido y por eso estoy agradecido. Cada año se supera en regalos de la vida, cada vez me experimento más amado, y con más razones, para vivir, para la alegría, para la esperanza, para amar, para anhelar la otra orilla… Y a estas razones y al amor no los recibí de forma ideal, es decir, como a mí me hubiera gustado o esperaba y planeaba, sino que se me dieron como se pudo. No todo salió según lo estipulado, pero no dejé de seguir siendo sorprendido, generalmente para mejor. Qué lindo poder ver, en retrospectiva, que no había que esperar a que esté todo acomodado para emprender nuevos proyectos, amistades o amores. Así, como me permitió la realidad, inicié y mantuve vínculos y planes, confiando en que permanezcan y sean fecundos. Asimismo otros concluyeron y se debilitaron, y también está bien, ya que nada ni nadie está llamado a ser eterno o a significar siempre del mismo modo. Solo tiene que estar presente lo que nos impulse y haga multiplicar nuestra existencia, recordando que saber soltar es signo de salud.

Entonces, en esta línea va lo que anhelo del 2022, para mí y para vos, para todos: poder crecer donde y como se nos permita, ¡pero no dejar de crecer! ¡No esperemos tiempos propicios! Lo único cierto es el hoy, y lo único propicio es que es real. En algún momento hay que dar el primer paso. La vida es demasiado corta para pasárnosla esperando épocas mejores o ideales, para lamentarnos por lo malo de nuestra realidad -sin limpiar la mirada y descubrir que siempre abunda más lo bueno-, para dejar que los días se nos escapen como agua entre los dedos. La vida corre prisa, aventurémonos pues...

Hace un año me admiró e interpeló una lechuga que nació en la grieta del cemento. Hoy, nuevamente entre cemento, me maravilla la zinnia, que no necesitó tierra muy fértil y preparada para brotar, sino que, incluso sin ser sembrada, le bastó lo que encontró en un huequito junto a la puerta del galpón. Allí desplegó su tallo verde y sus flores rosadas. Por lo tanto, reitero mi deseo, para hoy y para el año que empieza: a imagen de la zinnia, dejar de esperar condiciones ideales, y crecer donde se nos permita.

 


Lautaro Nicolás

 

 

 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Instrucciones para tomar un mate


 

Dedicatoria:

A Ricardo, Daiana, Leonardo, Julio y Viviana,

maestros para lograr estas líneas.

A los cientos de personas para quienes el mate

es imagen de nuestra amistad.


 

Preámbulo:

Del mismo modo que no empieza uno a existir en el momento en que es parido, sino que lo hace nueve meses antes, así el mate comienza a vivir previamente al instante en que colocamos nuestros labios en forma de ípsilon griega y sorbemos. Por eso, lo primero que hay que saber es cómo preparar el mate.

 

Instrucciones propiamente dichas:

Llene su pava de metal -sí, de metal, nada de pava eléctrica, artefacto del demonio- con agua de la canilla, o, en su defecto, de bidón o dispenser si la de su casa no es potable. Coloque la pava sobre la hornalla, y prenda esta última.

Mientras el agua se va calentando, busque su mate -el cual no puede ser sino una cucurbitácea, es decir especie de calabacita-, y llénelo con tres cuartos de yerba. Tómelo con su mano derecha –si es diestro- y con la izquierda tápelo. Después empiece a sacudirlo, sin quitar la siniestra hasta que vuelva a dejarlo sobre la mesada: su mano debe estar llena de polvo, y el ángulo que logró entre la yerba y el lado interno del mate que está frente a ella, debe ser de 45°.

No se demore y pruebe el agua para saber su temperatura: Vierta un poquito en el hueco logrado e injerte la bombilla mirando hacia usted. Sorba una vez y si la temperatura aún no es la ideal, deje la pava un rato más en el fuego. Tiene prohibido retirarse o distraerse –con una mariposa, con el celular, o viendo si encuentra algo que comer en la heladera- ya que si el agua se hierve deberá tirarla y empezar nuevamente con todo. Cuando luego de sucesivas probadas llegó a la temperatura deseada, cierre la hornalla. Puede colocar el agua en un termo para mantener la temperatura o dejarla en la pava para gastar más gas y realizar tres viajes innecesarios a la cocina.

Los mates deben ser cebados –no servidos, ¡horror!- de la siguiente manera:

·         El chorro de agua siempre en el límite de la bombilla y la yerba, nunca en el extremo opuesto. Cuando el sustento se va lavando, puede ir aumentando la circunferencia gradualmente. Si luego de tres mates ya se parece a la Laguna Setúbal antes de su bajante histórica, déjelo y dedíquese a otra cosa.

·         Siempre con poca agua, así el que toma no se cansa y se multiplican las rondas, alargando la mateada.

·         Un buen gesto es dirigir la bombilla hacia quien se le está dando el mate. Si aquella baila y mira a cualquier lado, básicamente le estamos diciendo al otro “no me importás”.

Si bien el mate, como la vida, será verdadero mate cuando sea compartido, está permitido prepararlo y tomarlo en soledad, ya que ayuda a la introspección y a la relajación.

Una vez observadas cada una de estas instrucciones puede entregarse al disfrute de lo envidiado por el mismo Olimpo –ya que a sus pies nunca creció la yerba mate-: Boca en forma de ípsilon griega, luego sorber.



Lautaro Nicolás