miércoles, 3 de febrero de 2021

Elogio de la autenticidad


(Escrito en dos trozos, que son, en parte, complementarios, a la vez que reiterativos.) 

I

Tú no tienes que ser otra cosa más que tú-mismo.

Escucha a todos, con dulzura. Aprecia el amor que esconden sus palabras. No te quedes solo con aquellos que te halagan. Pero que la clave a la hora de decidir qué de todo lo que escuchas te afecta, sea “tomar lo que me haga más yo-mismo”.

No, no es una sobre exaltación del YO. No es ni egoísmo ni egocentrismo. Es darle el lugar que le corresponde a cada cosa.

Nos han dicho muchas veces que “debemos ser felices”. Y así es… ¿Quién no lo quiere, aunque de a ratos lo disimule? Andá a la raíz de tus acciones, de tus decisiones y también omisiones… Vas a ver que allí late ese deseo…

Pero… ¿cómo ser felices? Siendo cada vez más nosotros-mismos.

En el camino aparecen “mayeutas”, esas personas que nos ayudan a parir desde dentro lo mejor de nosotros-mismos. ¡Qué hermosas personas! Tomándose el delicado trabajo de conocernos, nos aconsejan para que, según nuestra propia identidad, crezcamos… Estos artesanos, por lo general, no nos dirán qué hacer… O mejor, nos darán la única coordenada necesaria: entrar en nosotros-mismos, y desde ahí reedificar.

¿Y por qué no es egocentrismo? Porque nuestro yo más profundo es esencialmente relacional. No nos entendemos sin los otros. ¡Y cuánto mejor si cada uno toma las riendas de su corazón, e inicia su propio camino de reconciliación! Sanándonos nosotros, sanaremos al resto, y juntos caminaremos…

No, no es egocentrismo, es autenticidad. Tú no debes ser otra cosa más que tú-mismo. Y lo mismo yo… Hay un montón de cosas por allá afuera que otros podrán hacer. Pero nadie dará el paso de animarse a caminar tu vida, eso te toca a ti. Y entonces, haciéndonos cargo, una y otra vez, cada uno de sí-mismo, descubriremos que necesitamos del otro, que solos no podemos, y ahí la sociedad…

El mayor bien que podremos hacer a la humanidad, es ser cada vez más nosotros-mismos, y en este único camino que es la vida, ayudar a los otros a ser ellos-mismos. Pero a ellos desde ellos, no desde lo que vos creés que deberían ser o hacer. Porque lo mismo necesitás vos…

Como una semilla germinando, desenvolviéndose, son tu vida y la mía: creciendo, avanzando, y bien cuidada, fructificando. “Desenvolviéndose” me gusta… Cada uno de nosotros es un misterio único que se va desenvolviendo instante a instante. Es de esperar (y no podrá ser de otra manera, a menos que la violentemos), que la semilla de lechuga genere una planta de lechuga, con hojas de lechuga, tallo de lechuga, flor de lechuga, y finalmente, frutos de lechuga, para luego, iniciar un nuevo ciclo, en el que, una vez más, podremos presenciar y experimentar gozosamente, que la vida siempre fluye victoriosa, y todo creciendo va hacia arriba.

Y en esta maraña de palabras que buscan esclarecer (y piden perdón si lo único que hicieron es todo lo contrario), te recuerdo: tú no tienes que ser otra cosa más que tú-mismo.


II 

Hay algo que me llama poderosamente la atención, y me viene haciendo ruido. Es el hecho de cuan fragmentados estamos cada uno de nosotros… Lo percibo al contemplar a algunas personas, que en un ambiente, con cierto entorno, se comportan de determinada manera, y en otros, de otra. 

¿Cuál es su verdadera identidad? Me animaría a decir que ambas actitudes forman parte de su única identidad, y que todos nos encontramos en proceso de crecimiento y madurez de nuestro yo-soy más profundo. No está mal, en definitiva, que con algunas personas experimentemos más confianza que con otras.

Pero lo que sí me duele fuertemente es que existan espacios en los que no podamos ser auténticos, es decir, en los que no podamos ser lo que realmente somos, tal como venimos…

La única enseñanza y consejo que debería pasar de generación en generación, es: “sólo tienes que ser tú-mismo”.

Porque… Todos nos llenamos la boca hablando de la felicidad, pero conozco pocos que se animan a ser auténticos, y aún menos, personas que sean tan receptivas como para que quienes entran en contacto con ellas experimenten el gozo de la libertad, de ser como son, sentir como sienten, y poder expresarlo sin tanto rebusque.

¡Benditos aquellos que nos ayudan con su palabra, su vida, e incluso sus silencios, a ser cada-vez-más-nosotros-mismos! Yo les llamo mayeutas, y a ellos, aprovechando estas líneas, va mi agradecimiento.




Lautaro Nicolás